Viernes 15 Diciembre 2017

Margarito Escudero Luis

Todos estamos de acuerdo en que urge un cambio. Pedimos a gritos que cambien las condiciones económicas que nos agobien, que el gobierno cambie su política entreguista.

Pedimos, casi exigimos mejores salarios, que se acabe la corrupción y que vayan a la cárcel aquellos que se han enriquecido con el dinero de los contribuyentes.

Es un clamor nacional, en cada rincón del país, no hay ciudadano que deje de quejarse por la situación que atravesamos.

Lo que no es normal, no es lógico que pidamos el cambio, pero "en los bueyes del compadre", porque nadie, o muy pocos, están decididos a cambiar en sí mismos para mejorar la situación.

Bajo esa circunstancia, si llegara a haber un cambio para mejorar las condiciones de la sociedad en general, este sería muy doloroso para todos, pues el cambio personal y en el entorno cercano, tendría que ser forzoso.

Es decir, finalmente cada individuo puede suponer que está bien, también puede suponer que lo malo está fuera de él, por lo tanto es su entorno lo que debe cambiar.

La noción del cambio personal, para mejorar condiciones sociales, no está en la mente del individuo, el proceso lo trabaja al revés; es decir, si cambia la condición social, entonces cambiará el individuo.

INFLUIR EN LOS DEMÁS

A nadie se le ha ocurrido que el cambio de actitud es una acción revolucionaria, difícil de llevar a cabo ya que hay paradigmas muy arraigados y una zona de confort de la que nadie quiere salir.

Y en ese caso, es necesario recordar que cada uno de nosotros es responsable de sus propias actitudes y no podemos culpar a nadie de lo que nos sucede.

Pero también es bueno hacer notar que la situación personal se replica en un número indeterminado de individuos, que por la misma percepción de su propia realidad, sienten que son los únicos.

Aceptemos que si las actitudes son creación propia del individuo, entonces la única persona que las puede cambiar es el mismo individuo y llevando a cabo esa acción para todos quienes forman parte de un conglomerado, ese cambio de actitudes se vería reflejado en un cambio social.

Y eso se debe a que las actitudes personales están permanentemente abiertas a la influencia del entorno; es decir que todos los integrantes que rodean al individuo, influyen con sus actitudes y la vez, el individuo influye en los demás.

El tema es de un cambio personal, consciente de que con esa transformación contribuirá al cambio social.

Hay muchas lecciones para cambiar de actitud, hubo en los tiempos recientes un boom de especialistas que “ayudaron” a cambiar de actitud, pero siempre para aceptar el sistema social en el que vivimos, el cambio se propuso solamente a nivel individual para aceptar la condición de vida e intentar ser feliz con lo que se tiene.

Si bien se trató de una terapia para ayudar a las personas a superar ciertos traumas, el efecto mayor estuvo en que las personas aceptaran su condición actual y además pudieran dar un plus en sus relaciones laborales sin ninguna responsabilidad para la empresa.

Ahora se trata de cambiar condiciones sociales que afectan a todos, no solamente  al proletariado, sino a la sociedad en su conjunto, a empresarios, comerciantes y obreros; al sector académico y científico, a los campesinos y a los productores.

Es decir que el mismo gobierno, en lugar de procurar el bienestar de los ciudadanos, perdió el rumbo, provocando severas crisis en la economía nacional, bajos ingresos para los asalariados y bajas ganancias para empresarios.

Lo malo es que los encumbrados empresarios, divorciados siempre del resto de la sociedad, se aprovechan de los asalariados, los llaman a luchar y en cuanto consiguen alguna prebenda, dejan colgados de la brocha a sus seguidores.

En estos momento, ya no se trata solamente de dinero, se trata de combatir la gran corrupción que minó las estructura gubernamentales que ahora ya no sirven a los intereses de los mexicanos y si los mexicanos no hacemos nada para cambiar esa situación, vendrán con el cuento que los inversionistas extranjeros lo harán por nosotros.

Entonces, si permanecemos a la espera de que todo cambie para cambiar en lo personal, debemos hacerlo lo más cómodo posible, porque pudiera ser eterno.

Desde siempre los gobiernos y los sistemas políticos aplican la gran enseñanza del gatopardismo, "que todo cambie, para que todo siga igual".

Pero nada es para siempre y el cambio verdadero llega cuando ese sistema se pudre.

Los bueyes del compadre seguirán esperando.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

.

 

GACHO_SEPT11.jpg