Lunes 23 Octubre 2017

El mar, un enorme vertedero de plástico en aumento

Si Cristóbal Colón hubiese podido utilizar hilo de pescar cuando llegó a América en 1492, sus restos aún seguirían flotando si en un descuido la caña se le hubiese caído al agua. La misma suerte hubiese corrido el mechero de uno de los pasajeros del Titanic después de su hundimiento en 1912. El mar tarda entre seis meses y 600 años en 'digerir' los plásticos que desechamos los humanos. Ocho millones de toneladas cada año con las se podría cubrir la isla de Manhattan 34 veces. Son las cifras con las que Greenpeace llama la atención sobre el impacto medioambiental de este material en los océanos y la necesidad de cambiar las costumbres.
"Es un problema global y de escala planetaria, porque todos los océanos y parte de los cauces están contaminados con residuos humanos", advierte Julio Barea, responsable de campaña de Greenpeace. El proceso de degradación del plástico es más lento que en tierra firme, los residuos se acumulan y terminan por crear auténticas islas de basura, como las cinco que ya se han observado en zonas subtropicales -dos en el Pacífico, dos en el Atlántico y una en el Índico-. Forman parte de ese 15% de restos que permanecen sobre la superficie, porque otro tanto queda suspendido en la columna de agua y el 70% restante está sumergido en el fondo marino.
Microplásticos, veneno para el mar

tortuga
Se estima que hay entre 5 y 50 billones de fragmentos de plástico en el agua, sin contar los presentes en el fondo o en las playas. Desde la década de los 60 se sabe que los más grandes ocasionan enredos, asfixia y casos de estrangulación o desnutrición entre la fauna marina. Ahora las miradas también se dirigen a los pedazos más pequeños, inferiores a cinco milímetros. Los microplásticos son producto de la acción de la radiación ultravioleta y de la erosión del mar, aunque algunos se fabrican expresamente con ese tamaño -como los empleados en cosméticos exfoliantes-. Son especialmente peligrosos porque pueden afectar a un mayor número de especies, como las que representan la base de la cadena trófica, dado su pequeño tamaño.
"Más de 170 especies marinas repartidas por todo el mundo ingieren plásticos. Los organismos filtradores, como el mejillón o la ostra, no tienen opción de evitarlos. Pero los peces o los crustáceos, que se alimentan de forma selectiva, ingieren estos microplásticos porque se asemejan a las huevas y los confunden o bien se alimentan de otros animales que previamente los han tomado", explica Elvira Jiménez, responsable de océanos de Greenpeace.