Martes 17 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

A mediados de los años 60’s se cuestionaba el sistema asistencialista para atender a los grupos poblaciones sumidos en la pobreza, acercándoles toda clase de programas para paliar en algo su situación.

Los grupos de estudio surgieron en América del Sur, justo cuando el continente se convulsionaba por el avance del socialismo con el triunfo de la Revolución cubana y se gestaban los cuartelazos que marcaron a Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX.

La propuesta era el desarrollo sustentable de las comunidades y alejarlos de los programas asistencialistas del gobierno, que lo único que provocan es que la pobreza sea eterna.

Tras la fuga de cerebros latinoamericanos,  perseguidos por los militares, llegaron a México infinidad de investigadores, profesores, intelectuales y militantes que pugnaron en sus países por un cambio en las estructuras del gobierno para permitir que todos los ciudadanos tuvieran acceso a un trabajo bien remunerado que les permitiera alcanzar por si mismos todas sus necesidades.

Se planteaba la seguridad social como un paso importante en la consolidación de los movimientos obreros.

Por eso, a partir de la década de los 70’s, México abrió las puertas a esas personas, sobre todo a los exiliados chilenos, luego del golpe de estado de Augusto Pinochet.

SU presencia en nuestro país comenzó a notarse cuando comenzaron a aplicarse diferentes programas para el desarrollo de comunidades, aparecieron instancias dedicadas a organizar y financiar los estudios de comunidad, pero las erráticas políticas del echeverrismo, obligaron a modificar la política, se hablaba de “un virón a la derecha para salir del bache económico”.

Fue la época de las devaluaciones constantes, del saqueo a la riqueza petrolera y el desastre se quedó hasta nuestros días, con la agravante que ahora el número de ciudadanos en pobreza extrema es más de la mitad del total de la población en México.

Sin embargo, las autoridades que se comprometen en cada elección, no han podido ni siquiera cumplir con ese tipo de apoyo a la población llamada “vulnerable”, que se ha convertida en carne de cañón, un ejército de votos para el partido del gobierno.

El asistencialismo de estado se define como una actitud política orientada a resolver problemas sociales a partir de la asistencia externa en lugar de generar soluciones estructurales.

Es decir, el apoyo o la ayuda jamás llega a la totalidad de los necesitados y, los afortunados se consideran los derechosos y no permiten el acceso de otros tan o más jodidos que ellos, al grado de provocar una auténtica división entre personas de las misma clase.

Como ejemplo, mencionamos lo siguiente: puede haber instancias que, en un afán por “hacer algo” por la gente necesitada, tiene la capacidad de regalar despensas a mil personas cada semana; pero la necesidad va más allá de mil, en este momento se calcula que haya 60 millones de mexicanos en pobreza extrema.

Es imposible generar una ayuda como lo plantea el asistencialismo. Claro que sus impulsores dirán que es mejor que no hacer nada y tal vez tengan razón; pero la obligación del gobierno, es procurarlas condiciones favorables para el desarrollo integral del individuo y no permitir que su situación de desventaja social, se prolongue indefinidamente.

Si regresamos un poco a revisar los postulados de la Revolución Mexicana, se pueden ver infinidad de acciones encaminadas a generar progreso y bienestar para todos los mexicanos, eso dio pie al desarrollo de un país de oportunidades, nacieron las instituciones que funcionaron para dar fortaleza al desarrollo social.

Pero los intereses extranjeros nuca quitaron el dedo del renglón y hoy, nuestra generación es testigo de cómo unos cuantos se esmeran en desmantelar los logros revolucionarios, permitiendo el empobrecimiento de la sociedad mexicana.

A todo eso, también surge una especie de samaritanos que se encargan de paliar el sufrimiento de unos cuantos, hasta donde se puede, mientras el país deja de ser lo que fue, su grandeza y su condición de líder en América Latina y pierde el respeto ante la comunidad internacional, mientras sus ciudadanos permiten el despojo, esperando que algo les toque.

Dan de comer a un pobre, mientras 50 millones lo envidian.

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