Martes 22 Agosto 2017

Adiós a Juan Gabriel

 
Por KIRK SEMPLE y ELISABETH MALKIN
CIUDAD DE MÉXICO — Comenzaron a llegar antes del atardecer del domingo: parejas, familias y personas que buscaban compartir con otros lo que estaban sintiendo.
 
Se hicieron más conforme avanzaba la tarde y para la medianoche ya eran cientos —jóvenes y viejos, ricos y pobres— alrededor de la estatua de Juan Gabriel en la Plaza de Garibaldi en el centro histórico de Ciudad de México.
 
Un trompetista tocó unas cuantas notas de una canción del Divo de Juárez y la gente se le unió, cantando al unísono. Alguien comenzó otra canción y los demás le siguieron.
 
En todo México, los admiradores de Juan Gabriel se reunieron espontáneamente para homenajear y celebrar la vida del cantante, que murió a los 66 años en Santa Mónica, California. Restaurantes y bares tocan sus canciones. Hubo músicos que se reunieron en las esquinas de la calles y repasaron su prolífico acervo.
 
Es difícil exagerar la popularidad de Juan Gabriel en México, pues su música tocó una vena sumamente profunda de la cultura mexicana. Su encanto trascendió los límites regionales, raciales y de clases en una sociedad estratificada y fracturada. Su música podía escucharse en fiestas infantiles y en aniversarios de bodas; fue la banda sonora de situaciones alegres y de desamor.
 
Aunque no haya un héroe musical comparable en Estados Unidos y Europa, el desahogo nacional que provoca su muerte traen a la mente los tributos instantáneos y reacciones a las muertes de Michael Jackson, Prince y David Bowie.
 
Como estos artistas, Juan Gabriel desafió las convenciones sexuales de la mayoría: era un intérprete extravagante, que vestía ropa cubierta de lentejuelas o de seda brillante de color dorado o rosa. Muchos creían que era homosexual, aunque él nunca lo confirmó ni lo negó.
 
En una cultura predominantemente machista y homófoba, Juan Gabriel era admirado tanto por mujeres como por hombres.
 
“Nunca escondió su preferencia sexual pero no fue explícito”, dijo el bajista Chuco Mendoza, de 59 años. “Era un tipo auténtico, nunca vi en él una pose”.
 
Mendoza, como casi todos los mexicanos, creció escuchando a Juan Gabriel en la radio o viéndolo en la televisión.
 
“Era un baladista cuyas letras eran muy sencillas y directas”, mencionó Mendoza. “Habló el mismo idioma que la gente, con el que la gente se sentía identificada. Sus melodías no eran complicadas pero eran pegajosas y se arraigaban en la conciencia”.
 
Incluso los intelectuales mexicanos empezaron a citar sus canciones. Las publicaciones en redes sociales abundaron la tarde del domingo y muchas personas repitieron sus frases más conocidas, expresiones que son parte del vocabulario popular mexicano.
 
Se sabía que Juan Gabriel era muy exigente en las colaboraciones que otros artistas conocidos hacían con él. Debido a que era un autodidacto, él le cantaba la música y los arreglos a sus músicos.
 
Cuando se convirtió en una superestrella nunca se olvidó de la conexión que tenía con la gente y se presentó en muchas plazas públicas en todo el país.
 
 
 
Tiene admiradores en toda América Latina y España; y los migrantes mexicanos en Estados Unidos se llevaron las canciones de Juan Gabriel con ellos, así que los muchos conciertos que dio acompañado de mariachis y orquestas en ese país se vendían completamente.
 
Aun así, las dificultades de su infancia nunca se alejaron.
 
Alberto Aguilera Valadez fue hijo de campesinos y su padre, Gabriel Aguilera, fue enviado a la Castañeda, un hospital psiquiátrico, cuando Alberto aún era un bebé.
 
Su madre se llevó a la familia de Michoacán a la fronteriza Ciudad Juárez en busca de trabajo. Como no podía hacerse cargo de él, lo metió a un albergue para niños cuando tenía cinco años.
 
Fue ahí donde conoció a Juan Contreras, un músico sordo que fue el primero en enseñarle. En honor a su primer maestro y a su padre, Alberto usó el nombre artístico de Juan Gabriel.
 
 
A los 14 años huyó del albergue y empezó a componer música; vendía baratijas en la calle y a tocaba en bares de Ciudad Juárez. Fue a Ciudad de México en busca de la fama y ahí estuvo más de un año en prisión, acusado falsamente de haber robado una guitarra.
 
Se dice que la cantante ranchera Enriqueta Jiménez, la Prieta Linda, lo escuchó y animó a los productores a que lo contrataron. A los 21 años, Juan Gabriel grabó su primer álbum.