Viernes 18 Agosto 2017

Margarito Escudero Luis

Siempre hay alguien dispuesto a desacreditar el esfuerzo de los demás, a minimizar el trabajo realizado en pos de mejorar algo, de lograr un objetivo, sobre todo cuando se trata del bien común.

En este país siempre ha sido así; sin embargo, esos individuos que se dedican a negar resultados, aunque estos sean contundentes, logran el objetivo se sembrar la duda.

Así ocurrió luego de realizarse la marcha por la Paz en Coatzacoalcos, cualquiera que haya sido la cantidad de asistentes, quienes se tomaron el tiempo y las ganas de asistir, fueron lo que lograron el éxito del evento.

Algunos aseguran, según sus cálculos, que fueron 8 mil personas las que marcharon, otros dicen que seis mil; uno de los organizadores aseguró que fueron siete mil.

La cifra no es despreciable, pero aquellos que defienden algún interés, de esos que resultan raspados con la movilización ciudadana, niegan la numeralia y afirman el fracaso.

De esa forma se pretende meter en la mente de las personas la inutilidad de las movilizaciones de ciudadanos.

Sin duda son individuos que, de alguna manera reciben beneficios de la situación que esas miles de personas rechazan.

Así que ellos, los que siempre buscan ensuciar las actividades de ciudadanos que van contra las decisiones oficiales, están bien con la tragedia social que vivimos y, de darse un cambio, seguramente resultarían perjudicados.

LA MARCHA
Sin embargo quienes asistieron con el interés de aportar algo para que las autoridades pongan más empeño para solucionar el terrible problema de la inseguridad, están satisfechos de su acción, de haber lo que está a su alcance, lo que aún está permitido en la ley.

Es de destacarse el miedo en los organizadores. Temor a despertar la furia de los delincuentes y a molestar a las autoridades; tomando en cuenta que la protesta estaba dirigida a ambos.

MUCHA SANGRE
La gente se harta de tanta sangre. Al principio es el terror lo que prevalece, pero una ves visto que la autoridad no puede con el paquete, entonces dejan el miedo de lado y deciden actuar.

Y en esa etapa estamos los ciudadanos. Hay muchos ejemplos.
Ya la gente se atreve a enfrentar a los delincuentes y a los políticos, estos últimos han caído en el mismo nivel donde se encuentra la delincuencia.

Ambos generan temor, pero no respeto y el ciudadano ya está dispuesto a participar y así lo ha demostrado con su presencia en la marcha del sábado pasado.

Y tal vez no asistieron muchos que deseaban hacerlo, por diversas razones, pero en el ánimo de la gente estaba la marcha.

Tal vez quienes pretenden liderar estas movilizaciones, deberían ser más agresivos, de esa forma la ciudadanía no tendría duda sobre sus intenciones.

Y es que los organizadores son en su mayoría empresarios, muchos han sentido el flagelo de la delincuencia. Ellos pagan sus impuestos y, a cambio esperan recibir la protección que el gobierno está obligado a dar.

Esa seguridad hace tiempo que no se recibe, quien paga tiene derecho a reclamar, a exigir y, como puede verse, los afectados suman por miles, aunque algunos se empeñen en negarlo.