Viernes 18 Agosto 2017

Margarito Escudero Luis

Actualmente, en todo el territorio nacional se plantea la necesidad de un cambio, urgente ante las condiciones que guarda la sociedad, y el país en su totalidad.

Algo se salió del control del gobierno, lo que provocó una caída en cascada de casi todas las instancias oficiales, hoy puestas bajo la lupa por sus raros manejos donde la corrupción ha permeado y la impunidad es el mejor cobijo de los funcionarios corruptos.

Entonces el pueblo clama un cambio y hay líderes que lo ofrecen; es necesario transparentar la función pública; es verdad.

Pero no todo el desastre en que hemos convertido al país, está en el gobierno y los políticos, la sociedad en su conjunto ha tenido mucho que ver en esa descomposición,  con sus actitudes valemadristas y la falta de interés por la política.

Sin duda se trata de una actitud inducida desde las altas esferas, utilizando para ello a los medios de comunicación para obligar al conglomerado nacional a adoptar actitudes que tiendan a la permisión de las acciones corruptas, a permitir el saqueo y fortalecer la impunidad.

Pero como nada es para siempre, llega el momento del hartazgo y casi de forma natural de pide, exige, un cambio.

Pero el cambio de partido y de personas no ayudará en mucho a rehacer el tejido social, a cambiar esa desvencijada estructura que ya nos pesa.

Se requiere, por lo tanto, de un cambio individual, de un cuestionamiento profundo de cada ciudadano, acto de conciencia que lo lleve a reconocer su responsabilidad y a partir de ahí comentar a cambiar sus propias actitudes, para de ahí lanzarse a reclamar honradez, limpieza, transparencia, honestidad y todos esos valores que hoy notamos, nos hacen falta.  

Los principios básicos de las actitudes dicen que cada uno de nosotros es responsable de sus propias actitudes, ya que se supone que cada quien es el creador de sus actitudes y la única persona que las puede cambiar es el individuo mismo.

Y esas actitudes creadas funcionan para entender el mundo que nos rodea y poder adaptarnos para subsistir en él.

La zona de confort, la desfachatez, el valemadrismo han sido algunas de las actitudes que hemos asumido la mayoría de los mexicanos; en pago a ellas hemos recibido saqueo, corrupción impunidad y en estas fechas, un enorme baño de sangre, en muchos casos de personas inocentes.

Como consecuencia perdimos la tranquilidad, la paz y nos llenamos de miedo y desconfianza.

Por eso ahora exigimos un cambio, pero también debemos exigirlo a nosotros mismos, ver desde otra `perspectiva el problema, ese enorme conflicto que nos afecta a todos y, por lo tanto, debe ser resuelto entre todos y no solamente por el gobierno.

El primer problema que debemos distinguir es el medio por el cual nos indujeron a asumir esas actitudes destructivas, no solamente del individuo, sino a la comunidad entera y comenzar a eliminarlo de nuestras vidas.

No es tarea fácil, tampoco imposible, podemos cambiar antes de que todo sea imposible de controlar.

Hemos logrado detectar que las condiciones de vida que hoy llevamos, no son las convenientes, pero la responsabilidad se la achacamos a otros.

Lo positivo aquí es haber detectado esa parte negativa que está trayendo consecuencias graves para la salud, las relaciones interpersonales, sentimientos de satisfacción en la vida, inseguridad y miedo; ahora lo importante es aprender a lograr el cambio de actitud mediante la atención y el pensamiento consciente.

Generar una actitud positiva, practicar la gratitud y formar selectivamente nuevos hábitos que promuevan el positivismo es un proceso de toda la vida que puede dar como resultado un cambio de actitud.

Un cambio de actitud depende de vivir un nuevo tipo de vida. Esto podría significar dejar de beber, usar drogas, comer en exceso,  fumar, dejar un trabajo, alejarse de grupos que están comprometidos con la situación que está afectando. Sean cuales sean las partes negativas en la vida, será necesario abandonarlas para desarrollar una mejor actitud.

Ese cambio no la dará el gobierno.

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