Jueves 17 Agosto 2017

Margarito Escudero Luis

La política dejó de ser un instrumento eficaz para mantener el orden y la armonía social (por lo menos en México) y se transformó en la herramienta que grupos, pandillas y sectores con grandes intereses para acceder al poder.

Eso provocó que se rompiera el equilibrio social, que la ley valiera lo que se le unta al queso y el respeto por las instituciones las investiduras y hasta a la vida humana se perdiera.

La hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sin contrapesos, con métodos específicos para corromper otras corrientes políticas hasta convertirlas en comparsas, acabó por afectar su columna vertebral y provocarle un severo daño.

Dueños de casi todo, los militantes del tricolor perdieron el piso y perdieron de vista el objetivo original del partido, traicionaron sus principios y de paso traicionaron a la patria al que se debían.

Finalmente el instituto político se convirtió en un escalón para llegar a la meca de los grandes negocios, se conformaba un grupo y los impulsaban buscando la empatía con el cacique en turno y así, mucho lograron la meta y a veces sin el consentimiento del verdadero cacique.

Todos buscaron eternizarse en el poder, ser amos y señores, pero las grillas y los golpes bajos estuvieron a la orden, hasta que debilitaron lo suficiente para derrumbarlo.

Los resultados están a la vista, los problemas sociales no pueden ser abordados por la autoridad en turno, tampoco son capaces de realizar alianzas, de reconocer otras fuerzas, de unirse a la sociedad que finalmente terminó por rechazarlos.

Ahora, en medio de una comunidad que pasó todas las etapas esperando la reacción oficial para erradicar los problemas que aquejan, ha llegado al límite y, en un esfuerzo por mantener el imperio de la ley, piden renuncias como un acto de verdadera justicia.

DEL TERROR A LA INDIGNACIÓN

Del asombro se pasó al miedo, luego al terror; hoy la gente está en la gran indignación al ver que sus esfuerzos como sociedad no están funcionando, pero los grupos que están siendo directamente afectados por la situación, pretenden tomar el control, pero sin molestar, más allá de la presión, a las autoridades que se les reclama.

En este nivel de indignación, la ley se debilita más, pues si las autoridades no pueden o no quieren hacer su labor, entonces la gente tomará ese papel en sus manos.

Como ya está ocurriendo en otras partes del país, donde la gente prefiere linchar al delincuente, antes que entregarlo a la policía.

Continúan los asaltos, secuestros y asesinatos. Los criminales no se tientan el alma para cometer sus tropelías, mientras que esos sectores “organizados decentemente”, no pueden pasar de la indignación.

PRÓXIMA ELECCIÓN

Por otra parte, la autoridad federal, con el pretexto de no perder la continuidad del protocolo, permite más muertes, más angustia, más injusticia, cuando en realidad están más preocupados por el próximo proceso electoral.  

En estos momentos, la sociedad requiere paz, empleo, seguridad, pero lo que está recibiendo es exactamente lo contrario y, dadas las características del país, habrá un momento en que los reclamos ya no serán para que la autoridad cumpla con su deber, sino para retirarlos del cargo.

Comienzan a darse los primero avisos y se toma con burla. No se le da la seriedad que caso requiere.

En el ámbito espiritual, está un reflejo de lo que somos actualmente, una sociedad sin liderazgo, pues los pastores de esa grey creyente y religiosa, tampoco han sido capaces de ponerse de acuerdo para impulsar acciones que saquen de la angustia a sus feligreses.

El sector empresarial ya demostró hasta dónde puede llegar y los políticos están impedidos a participar, porque de inmediato otros sectores los señalarán de estar haciendo actos de campaña.

Justicia, paz y reconciliación es la meta alcanzar y sólo queda la vía de la organización social, con propuestas diferentes, mientras la autoridad logra darse cuenta que dejó pasar su oportunidad. De hecho, sólo vio su oportunidad de acceder al cargo, de ahí en adelante, nada más importaba, hasta que la realidad los rebasó.

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