Miércoles 16 Agosto 2017

Margarito Escudero Luis

La necesidad de muchos ciudadanos por mostrar, alimentar y recrear sus talentos es grande, imperiosa. Se trata de una pasión innata, el gusto por hacer algo especial, con entrega total.

Se esperaría que la sociedad contribuyera a desarrollar los talentos de sus integrantes, a través de sus gobiernos, de las instituciones creadas para ello.

En la mayoría de los países del mundo, sobre todo aquellos que se han desarrollado, el apoyo a sus ciudadanos, especialmente jóvenes, tiene especial significado para la permanencia del país de que se trate, de convertirse en una potencia en todos los rubros, no sólo el militar o el deportivo.

Sin embargo, en México hace mucho que esos apoyos se dejaron de lado, basta el ejemplo de los resultados olímpicos recientes para demostrar lo dicho.

Pero en el caso de los Juegos Olímpicos se trata de un escaparate mundial, donde la cantidad de medallas ganadas por los deportistas, demuestra la dedicación a los deportistas, una preparación a conciencia, donde no solamente tienen ver los mismos deportistas, sino sus entrenadores, los equipos de apoyo, las políticas implementadas para alcanzar el objetivo y el presupuesto asignado.

Está por demás alegar las particularidades del caso mexicano, los mismos deportistas denunciaron la falta de interés oficial por hacer que México destaque en justas internacionales.

Pero no es el deportivo el caso único. En el sector de las artes es peor. No hay apoyo o estos son mínimos y acaparados por una especie de élite de artistas que encontraron su modus vivendi en las becas que otorgas el gobierno para este rubro.

Entonces, para el oficialismo, esos son los únicos artistas que hay, mientras una enorme cantidad de talentos mexicanos se esfuerzan por encontrar su espacio y, si no lo ofrece, promueve o patrocina el gobierno, lo van encontrando poco a poco.

PASAR LA CHAROLA

Así, algunos jóvenes no tienen empacho en “pasar la charola”, pedir al público el apoyo, “lo que sea su voluntad” para completar la impresión del libro, el viaje al festival para participar, comprar pintura y pinceles, en fin.

Y esto pareciera un acto desesperado, pero lo importantes es que para lograr el objetivo no hay obstáculos, es la pasión desbordada, la vocación a ultranza, las ganas infinitas.

Un joven boxeador pudo ir a competir a las olimpiadas, gracias al apoyo ciudadano; entonces, como siempre sucede, es el pueblo el que debe solventar esas necesidades de los miembros del grupo.

Lo malo es que a través de los impuestos que cada ciudadano entrega al gobierno, debería salir el recurso para cubrir esta imperiosa necesidad de la sociedad.

Es bueno reconocer el esfuerzo de los jóvenes, impulsarlos a alcanzar sus metas, es parte del desarrollo de una nación y no solamente las inversiones extranjeras.

NO LO NECESITAN

Estamos en el momento en que ya no importa lo que haga el gobierno con el dinero de los ciudadanos, si este no llega para cubrir las necesidades que corresponden al gobierno cubrir, entonces la misma gente buscará rutas alternas, los artistas, científicos, deportistas, inventores, cineastas, poetas, escritores, músicos, pintores, diseñadores, cocineros y todos aquellos que con su talento mejoran calidades, sabores, texturas, imágenes, descubren y nos hacen mejor la vida, encuentran el espacio que requiere, cuesta más trabajo, requiere de más esfuerzo, se necesita de la cooperación de todos, pero no es imposible.

De esa forma, llegará el momento en que la misma gente se dará cabal cuenta que no tiene el gobierno que necesitan y sin duda, lo cambiarán por otro que les funcione mejor.

La gente se mueve, la necesidad la lleva por el camino necesario, la inteligencia sale a flote y la organización llega poco a poco.

De ahí surgen los verdaderos cambios, para atender todas las necesidades de la sociedad, todo puede empezar en una calle, o colonia, hasta abarcar totalmente la ciudad, algo que ni el mismo gobierno que debería estar organizado para ello, puede hacerlo.

Ejemplos hay muchos, lo más negativo del ser humano dominando las diferentes esferas sociales, cuando creamos un estado para vivir en paz, armonía y progreso.

En el ámbito más local, vemos que hay sucesos para los que no existe ni la preparación ni los recursos para evitarlos o repararlos o atacarlos o eliminarlos.

Ahora podemos decir que estamos abriendo los ojos.

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