Viernes 20 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

Triste situación de un pueblo domado, al que acostumbraron a permanecer callado a cambio de mantener ciertas comodidades.

Así, poco a poco, el pueblo fue perdiendo su capacidad de protestar ante las injusticias y hasta su dignidad se ve sometida, tanto como su solidaridad con el prójimo.

Escondido en el miedo y en la ilusión de que los que no les ha tocado la desgracia, ya la libraron, seguimos asustándonos cuando sabemos de un nuevo crimen.

Hasta ahí, no hay más, eso es todo lo que ese pueblo sometido puede dar a sus congéneres.

Quienes mantienen el estado de terror y sometimiento, lo saben. Están al tanto de las limitaciones de una comunidad a la que se le arrebató su capacidad de indignación y respuesta al exterminio sistemático de sus miembros.

Y en base a esa actitud generalizada, la impunidad es la ley. Porque tenemos que aceptar a una autoridad víctima de ese sometimiento y que se mantiene agachada para no perder el estatus de autoridad.

Triste momento histórico estamos escribiendo los ciudadanos de hoy, del que se avergonzarán nuestros descendientes cuando se recuerde este lamentable episodio.

Y es que apenas se despidió a Génesis, estudiante de Comunicación en la Universidad Veracruzana luego de su cobarde asesinato, cuando nos enteramos de un nuevo secuestro, de otra mujer, estudiante de Análisis Biológicos en la misma Casa de Estudio.

Y la comunidad universitaria, llena de vida joven, de energía y poder, permanece pasmada aun, a la espera del permiso, de la autorización para mostrar su indignación.

Mahatma Gandhi dijo en alguna ocasión que, cuando la ley no sirve a la comunidad, lo correcto es desobedecer.

Pero aún nos asusta el señor autoridad con su fallido estado de derecho, justificamos nuestra falta de acción con una hipócrita obediencia a una ley que nos está matando.

Y en esa cobardía social, recurrimos también a una deidad que nos ha abandonado y cuyos líderes prefieren guardar cómplice silencio, mientras los muertos y secuestrados no sean de su círculo cercano.

Así, a la espera de "alguien" que enarbole el liderazgo, fenecemos poco a poco, permitiendo que maten a nuestros jóvenes, violen a nuestras niñas y desaparezcan nuestra poca dignidad.

Y los pocos que se atreven a levantar la voz, son criticados, desacreditados por la misma autoridad que no es capaz de detener el genocidio.

Es estigma de los luchadores sociales mexicanos despedazarse entre sí, bajo la premisa de que, "si no estás de acuerdo conmigo, entonces estás contra mi".

Y así " ni pa' lante, ni pa' tras" y se pierde un valiosísimo tiempo en discusiones inútiles.

Para cuando logremos un acuerdo, los panteones rebosarán de jóvenes cadáveres, con una población menguada que, sin duda dejará beneficio a la clase poderosa que hasta el momento no ha sido alcanzada por el cruel brazo de la delincuencia.

Aferrarnos a respetar una ley que está lejos de servir al pueblo, es sólo una actitud convenciera de quienes la promueven.

Ese México bronco que amenazó en los 70's con desbordarse, hoy es un garito inofensivo que ha permitido que las ratas enseñoreen.

Mexicanos "bragaos", es sólo una vacilada.

 

mexmel@gmail



 

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