Viernes 20 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

El sistema funciona y seguirá funcionando mientras no se socaven sus bases, puede haber cualquier tormenta destructiva en  su seno, pero mientras el espíritu que le da forma y fortaleza no se toque, continuará funcionando.

Por eso cualquier intento de cambio para mejorar las condiciones de vida del sector más desechable de la sociedad, no tiene éxito, porque quienes luchan por ello, lo hacen con las herramientas del sistema.

Los verdaderos cambios se plantean y se planean en las grandes alturas cupulares, donde la opinión de la mayoría ciudadana no tiene nada que ver, no tiene ningún peso, aunque sea la receptora de los efectos de los cambios que se realicen.

Los ejemplos son claros, tenemos ya encima los efectos de las mal llamadas reformas estructurales, recibimos la totalidad de los daños causados por los gobiernos de Javier Duarte y de Fidel Herrera, cuyas candidaturas fueron señaladas desde las alturas y la gente que vota, solamente acudió a una farsa más del sistema.

El sistema no es el pueblo, la democracia sólo es una historia para mantener entretenido al pueblo, pues al final de cuentas se hace, se impone, lo que conviene a quienes de verdad mandan en este país y que, no necesariamente son mexicanos.

El pueblo, la gente que trabaja, los que se la rifan todos los días para subsistir en medio de las crisis, son elementos desechables según sea conveniente para el sistema y, si es necesario desaparecer una fuente importante de trabajo, se hace; así es el interés del sistema, quienes se queden sin trabajo no son importantes, nos lo han demostrado infinidad de veces.

Nos obligaron a padecer 12 años de tragedias, de asesinatos, desaparecidos, de fosas clandestinas, de extorsiones y secuestros.

Vimos de cerca cómo se robaban el erario y dejaban sin comer a jubilados y pensionados, quienes debían soportar sin reclamar semejante acción, pues no tienen derecho a cuestionar las decisiones de un importante miembro del sistema.

Entonces la gente se encabronó más de la cuenta, sobrepasó los límites que soporta el sistema, tanto que ni sus cuerpos de represión funcionaron, entonces había que responder rápido antes de que se saliera de control el tema de los sometidos y marginados.

¡CRUCIFICADLE! ¡CRUCIFICADLE!

Así armaron una de las puestas en escena que se acostumbran en estos casos, aplacar vía entretenimiento a la masa que amenaza con desbordarse.

¿A quién crucificamos?, preguntaron. Y la masa contestó “¡Duarte, Duarte, Duarte!” entonces hicieron como que lo sacrificaron.

Luego quisieron sacrificar al otro, también del sistema, pero estorba. Pero se dieron cuenta que cometerían un error, pues le quitarán la ilusión de que Yunes Linares llegó al cargo por “voluntad ciudadana”.

Pero todo tiene un tufo a arreglo, porque Yunes Linares soñó con encarcelar a Javier Duarte, pero según parece, le quitaron la idea a cambio de ser gobernador; o sea, Yunes Linares será gobernador por voluntad del sistema.

Las aguas vuelven al cauce, seguirán apareciendo extraterrestres en la sierra de Soteapan, seguirán los secuestros, los robos y los asesinatos.

Todo vuelve a nuestra triste normalidad.

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