Lunes 23 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

Don Fidel Velázquez, quien fuera de por vida dirigente de la Confederación de Trabajadores de México, la otrora poderosa CTM, dijo en alguna ocasión, refiriéndose al poder político en México: “A balazos lo obtuvimos y a balazos nos lo han de quitar”.

Viejo zorro de la política y visionario de la misma, Don Fidel pronosticó la forma en que los encaramados en el poder lo dejarán.

Ese vaticinio deja fuera la posibilidad de una transición tersa, pacífica, como lo quieren algunos.

Las lecciones de la Historia indican que, nunca durante el desarrollo de la sociedad en todos los tiempos, hubo un cambio de poder pacífico. Todas las culturas de todo el mundo han sufrido episodios violentos, donde la sangre de muchas personas fue el precio a pagar por el salto que exigía la sociedad.

Hay tres eventos relativamente recientes que muestran una transición más o menos pacífica; uno fue el movimiento encabezado en la India por Mahatma Gandhi, que llevó al pueblo a buscar y lograr el cambio de una manera pacífica, que llegó a un final feliz, pero Gandhi fue asesinado poco después de haber alcanzado su meta.

Otro ejemplo es el de Chile, que en la década de los 70’s, la sociedad chilena logró llevar al poder a un militante socialista a través de la vía electoral, en la persona de Salvador Allende.

La Unidad Popular, en medio de su alegría, descuidó el factor CIA, la tenebrosa agencia gringa que le organizó un golpe de estado que llevó al país andino a sufrir una terrible dictadura militar.  

En Sudáfrica, luego de 25 años de encierro, Nelson Mandela no sólo perdió su libertad personal, sino que tuvo que padecer la destrucción de su familia; sin embargo no cejó en su objetivo y al final de cuentas, el apartheid cayó, los negros, como grupo mayoritario es quien gobierna el país ahora.

Mandela buscó la transición pacífica. No hubo una guerra civil como tal, pero sí hubo enfrentamientos entre negros y blancos. Finalmente se instauró un gobierno donde (se supone) que la discriminación terminó.

SANGRE EN MÉXICO

En México nos encontramos en una situación muy delicada. No se trata solamente del hartazgo social, la corrupción y la lucha por el poder.

A este escenario se debe sumar el poderío de la delincuencia mejor organizada que la misma sociedad. Se trata de grupos muy violentos, que no tienen ningún respeto por la vida y que no han dudado en humillar en grado superlativo a la sociedad y, muchos mexicanos y mexicanas han tenido que pagar un precio por quién sabe qué.

Ahora sigue la transición política, el cambio de gobierno, donde participan dos fuerzas, una del lado del actual gobierno, otra que propugna por un cambio pacífico, pero jugando con la reglas que dicta el enemigo a vencer.

Es decir, siempre hemos visto que el gobierno dice quienes juegan, dicta cómo se juega y decide quién gana.

Entonces, bajo la mirada visionaria de Fidel Velázquez y dadas las condiciones actuales, es de suponer que quienes detentan el poder político pudieran iniciar una escalada de violencia en el país con miras a impedir que las fuerzas enemigas triunfen en las elecciones que vienen.

Poder político y poder económico y en complicidad con el poder de la delincuencia, unidos para dar esa batalla que pudiera ser la última de un sistema que ya no le sirve al pueblo mexicano, pero… ¿Cuánto tiempo podrá durar? ¿Cuánto tiempo estarán dispuestos los mexicanos a soportar en medio de una violencia más acendrada?

“A balazos lo tomamos, a balazos nos lo quitarán”

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