Viernes 20 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

¿Por qué la fuerza del Estado no ha podido controlar a la delincuencia organizada?, ¿Cómo es posible que esa delincuencia haya rebasado a las autoridades?

Pues la respuesta puede ser que es a propósito permitir que los desmanes de apoderen del país, que se quiera hacer caer a la sociedad en el terror, en un estado de shock que deje inerme a la población para que el mismo gobierno pueda lanzar iniciativas, leyes, ordenamientos que atenten contra los principios básicos que nos han regido como nación.

El cuestionamiento nace luego de recordar cómo, cuándo se lo propone el Estado, puede acabar con las bandas que durante algún tiempo asolaron alguna región. 

Recordamos la era de Agustín Acosta Lagunes, cuando proliferaron bandas con territorios muy específicos, el Toro Gargallo en el centro de Veracruz, Cirilo Vázquez en el sur, que se hicieron amos y señores, de horca y cuchillo, dueños de vidas.

Sin duda cumplían una misión, pero luego que ya no fueron útiles al sistema, simplemente fueron eliminados o sometidos, como en el caso de Cirilo Vázquez, que prefirió la cárcel.

Entonces, con un orgulloso Ejército Mexicano, con innumerables cuerpos policiacos, con la Marina Armada convertida en policía y con mucha palabrería lanzada en un fútil intento por tranquilizar a la población, nada ha ocurrido, al contrario, pareciera que los grupos delincuenciales se fortalecen y venden caro su proceder.

¿Quién permitió la violencia?, ¿Cuál es la intención?

ANSIAS PRIVATIZADORAS

Desde los tiempos de Miguel de la Madrid, “el presidente gris”, llegaron los primeros amagos de privatizar todo, de desbaratar el aparato gubernamental, de beneficiar a la clase empresarial, principalmente a los extranjeros.

Aún quedaban resabios patrióticos, aún había interés por mantener a la Nación entera.

Pero, con la fuerza del gobierno se inició el desmantelamiento de los grupos que, en un momento, serían obstáculos para los planes privatizadores.

Cuando Joaquín Hernández Galicia era el amo del sindicato petrolero, sin duda protegido por los presidentes y gobernadores priistas, nadie se oponía a sus caprichos que, con el cuento de proteger los intereses de la clase petrolera, imponía a la paraestatal. 

En cada celebración de la Expropiación Petrolera, La Quina le decía al presidente en turno que ya se retiraría, entonces el presidente le respondía que sería bueno que siguiera cumpliendo con esa importante labor.

Así, Joaquín Hernández lo tomaba como una orden presidencial y se afianzaba al cargo.

Hasta que llegó Miguel de la Madrid, quien cuando escuchó la letanía quinista, simplemente no dijo nada y ese mensaje prendió los focos rojos en la cúpula sindical de ese tiempo, con una base ya dividida por la misma ambición de La Quina y su pandilla.

Luego llegó el dramático episodio aquel donde el entonces secretario general del sindicato José Sosa dijo “Si se hunde Pemex, se hunde usted, nos hundimos todos”.

Carlos Salinas respondió con un bazucazo a la casa de La Quina y hundió al sindicato petrolero para siempre.

Pero hubo otros escollos, intereses con la familia del expropiador, cuando Carlos Salinas fue ungido candidato, un importante grupo de priistas sabían el rumbo que tomaría la Historia de México y decidieron separarse del PRI y llevar la contra a Salinas.

Pero recibieron una sopa de su propio chocolate, les aplicaron la misma y les robaron la elección. Así Salinas comenzó con su programa reformador para que las privatizaciones fueran legales.

Hubo una batalla para impedir la privatización de Pemex, desde el PRD Cuauhtémoc Cárdenas y su grupo opusieron feroz resistencia, hasta que el partido amarillo fue infiltrado y destruido, los líderes perredistas que antes juraban luchar por la Patria, se enriquecieron con dinero del gobierno neoliberal y se olvidaron de sus luchas.

SIEMPRE LAS AMBICIONES

Sin embargo, las ambiciones desatadas en la cúpula del poder, llevaron a la población al hartazgo, con el encarecimiento de la vida misma, de los combustibles de la canasta básica, con reformas que van en contra del beneficio general de la población, con infinidad de atentados contra la sociedad, han conducido al pueblo de México a buscar otras alternativas.

El PAN ya mostró cuál es su verdadera vocación, el PRD o existe, la gente busca por otros lados no convenientes a los políticos neoliberales que, sin duda sienten el peligro para sus proyectos.

En ese escenario, de pronto, de casualidad, la delincuencia debidamente organizada crece y se empodera.

Peor aún, ya con bandas delincuenciales asolando el país, llega Felipe Calderón a empeorar la situación sacando al Ejército de sus cuarteles, generando una guerra de la que hasta la fecha estamos lamentando los resultados.

Durante la gestión de Augusto Pinochet en la dictadura chilena, se contabilizaron 30 mil ciudadanos desaparecidos.

Ala fecha, en México no se sabe con exactitud cuántos desaparecidos hay, una cifra aproximada menciona 27 mil personas de las que se ignora su paradero.

A eso hay que sumarle la creciente suma de ejecutados que día con día se encuentran en las calles de las ciudades, en las carreteras, en lotes baldíos, en fin…

A la llegada de Enrique Peña Nieto, las cosas empeoraron.

En los gobiernos de los Estados tampoco se ofrece solución posible.

En Veracruz, las promesas de Miguel Ángel Yunes quedaron sólo en eso. Sigue usándose una medida que no ha dado resultados, en tiempos de Javier Duarte se eliminó la policía municipal, se probó el esquema de Policía Intermunicipal que fue retirada en poco tiempo y llegó el llamado Mando Único, con el que se incrementaron los robos, los secuestros y las extorsiones.

Cuando el gobierno federal amenazó con enviar la Gendarmería, Duarte lo impidió y para justificarse creó la llamada Fuerza Civil, que tampoco sirvió de nada.

Yunes Linares prometió vigilancia hasta con drones y nada. Trajo la policía militar y la delincuencia sigue imparable.

Entonces queda claro que no es con la creación de más membretes de cuerpos policiacos con lo que se detendrá ese ataque a la sociedad, que debe pensarse y aplicar otro tipo de planes, a menos que la ola de violencia que nos invade sea deliberada, promovida y aplicada desde las altas esferas de poder.     

Es que, no puede ser que tengamos un gobierno lleno de personajes ineptos. O eso son o están cumpliendo con su encomienda.

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