Jueves 14 Diciembre 2017

Margarito Escudero Luis

Una vez más se cumplió el ritual del juego a la democracia, esa utopía donde se afirma que la gente decide el tipo de gobierno que desea tener, pero que esas fuerzas sociales jamás están en libertad.

Donde los grupos de poder se aferran y hacen cualquier cosa con tal de no perder sus privilegios y mantener asegurados los negocios que desde el gobierno realizan.

Pero el germen del hartazgo crece entre la sociedad, en cada individuo que debe trabajar para mantenerse, para que su familia no sucumba de hambre, para “irla pasando”.

Sin embargo, de aquel México que defendió al país en tiempos de Juárez, de los mexicanos que se enfrentaron al porfiriato, no queda nada.

Los políticos encumbrados saben que cuentan con un pueblo sometido, con miedo de perder lo poco que tienen e incapaces de luchar por una vida mejor.

Somos un país dividido por los intereses de un pequeño grupo. A muchos les han hecho creer que de verdad viven bien, que deben defender la situación en que viven, pues de otra forma pudiera ser peor.

A base de mentiras han convencido a muchos mexicanos para que ellos puedan permanecer en la cúpula del poder, a pesar de que las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos son precarias y se complican cada vez más.

Todos los logros revolucionarios se han ido por el caño de la corrupción, fueron conquistas de un pueblo en lucha que está siendo traicionado por los descendientes que en algún momento gozaron de ciertas comodidades proporcionadas obligatoriamente por el estado.

Hoy, desmantelada la revolución, un pequeño grupo de personas en el poder, con mentalidad extranjera, someten a la fuerza, con mentiras, con robos, saqueos y amenazas, a una mayoría que no se da cuenta del poder que tiene en sus manos, que ha olvidado las lecciones de las generaciones de antepasados que lucharon por tener una patria digna, una sociedad justa y leyes que funcionaran  por el bien de la mayoría.

Una mayoría sumisa, agachona que prefiere vivir de las migajas, antes de tomar el control de su propio país.

Lamentable que casi la mitad de los electores hayan decidido no votar, por el argumento que fuera. Porque  “todos son iguales”, porque fueron amenazados, porque fueron sobornados o porque les dio hueva salir en domingo.

Por el motivo que fuera, dejaron pasar la oportunidad de mejorar. El voto es el reclamo legal contra el gobierno que nos ha empobrecido, que ha encarecido la vida en un país donde la naturaleza ha sido pródiga.

Quienes no votaron (que desafortunadamente fue la mayoría) dieron su aval para que las pandillas que han saqueado a la Nación, continúen haciéndolo.

Esa apatía nacional debe ser combatida, como la combaten quienes creen que es posible una vida mejor para todos, quienes se esfuerzan y arriesgan todo, para evitar que México vuelva a ser invadido por los extranjeros.

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