Miércoles 18 Octubre 2017

Por Plinio Soto Muerza

En las recientes encuestas sobre preferencias electorales,  el factor común en la mayoría de ellas, es la ventaja que tiene AMLO sobre cualquiera de los posibles contrincantes que se mencionan: por el PAN, Margarita Zavala, Ricardo Anaya, y Rafael Moreno Valle; por el PRI, José Antonio Meade,  Miguel Ángel Osorio Chong, y Aurelio Nuño. O bien por el decaído PRD, Silvano Aureoles, Graco Ramirez, o el despistado de Miguel Ángel Mancera.

La ventaja se extiende hacia los que han sido señalados como independientes: Jaime Rodríguez Calderon, el “Bronco”, o el activista Emilio Alvarez Icaza. ¡Vaya!, hasta la calificadora de inversiones estadounidense Moody's Investors Services, influyente en los mercados financieros internacionales, he reconocido la posibilidad de que el próximo Presidente de la República sea AMLO.

Sin embargo, y en vísperas de iniciar formalmente el proceso electoral para renovar los Poderes de la Unión, bien le valdría a morena meditar sobre las estrategias electorales que tenga a bien llevar a cabo el próximo año. No es lo mismo la Ciudad de México, que el estado de Jalisco, Guanajuato, o Puebla, entre algunas entidades donde se renovaran mandatarios estatales, y donde la fuerza organizativa de morena no ha logrado despuntar y consolidarse. Lo que algunos analistas empiezan a cuestionar, es que tanta influencia tendrá la elección federal sobre los procesos locales a celebrarse simultáneamente en 30 estados de la República, ¿le alcanzará a morena la figura de AMLO para ganar abajo en los territorios, la mayoría de los 3326 cargos de representación popular que se disputaran por todo el país?

Para las bases de morena la elección tiene un destino y es la Presidencia de la República, de ahí vendrá el gran cambio político que el país necesita. Para cualquier militante de morena, la tarea prioritaria es la campaña presidencial, y de ahí se desprenden todas las líneas organizativas que se tiene para las bases morenistas. La idea general sin duda es acertada y compartida por todos los liderazgos, y es el puente que une la diversidad de opiniones al interior del morena. Sin embargo, en algunos lugares la estrategia de recargar todo el esfuerzo a la figura de AMLO, y dejar que la dinámica nacional influya en los electores hacia los demás puestos de representación, es muy arriesgada y peligrosa para sus expectativas.

Hasta donde se puede observar, en algunos estados, como Veracruz, el proceso de selección de los candidatos a diputados locales ya ha iniciado, y si bien en algunos distritos los consensos y la unanimidad han dado buenos resultados, con perfiles y trayectorias, en otros la tarea pareciera depositar toda la confianza en la “victoria histórica”, con lo que se abren las puertas a candidaturas frágiles. Algunos dirigentes de morena parecieran estar instalados en oficinas de la Ciudad de México, que en el conocimiento territorial  electoral.

La confianza en que “cualquiera” puede ganar, por el efecto AMLO, puede causar un daño terrible al proyecto de regeneración nacional de la política que encabeza el propio AMLO. Hasta el momento, los engranes de la gran maquinaria electoral no se echa andar a plenitud, y si morena no cuida sus procesos internos, en las disputas electorales territoriales tiraran por la borda lo andado. Confiar ciegamente en que el efecto de AMLO impulsara candidaturas que se saben débiles y escuetas, no abona en la construcción de la mayoría social que se requiere para acompañar un futuro gobierno que tenga como tarea principal, la derrota de la corrupción y la búsqueda de un nuevo pacto social que de entrada a una estado democrático y de derecho.

En Veracruz, en su pasado Consejo Estatal, morena aprobó una serie de nombres que irán a convertirse si nada se interpone en el camino, en sus candidatos a diputados locales y federales para el 2018. Aún es temprano para configurar una opinión general de cada uno de los distritos, sin embargo, lo que hasta el momento se conoce, permite aventurar que aún le falta a morena pulir sus posibles candidaturas, y en algunos casos específicos volver a reiniciar el proceso. Por ejemplo en la zona de las altas montañas, en dos de los distritos que morena ganó en el 2016, los nombres de los posibles candidatos no solo representan la errónea concepción de un liderazgo que basa sus decisiones en la “confianza ciega” en la victoria, sino además, condensan todo lo contrario a lo que un electorado informado, espera de los compañeros de viaje de AMLO en la lucha electoral. No hay que pasar por alto que el distrito 20 y 21 local,  son zonas con altos niveles de cruce de información.

Estamos en la víspera de una confrontación electoral histórica, donde un sector de la izquierda mexicana, en compañía de amplios sectores de la sociedad, disputará la última oportunidad para llevar a la presidencia de la República a AMLO, objetivo que de acuerdo a las encuestas, no debiera presentar mayores obstáculos.

La  ausencia de candidaturas fuertes, con los mejores cuadros probados en el compromiso cotidiano por transformar la realidad del país, y la falta de organización en territorio, pueden ser los dolores de cabeza que enfrente morena en los próximos meses. Confiar en exceso en el efecto AMLO, y perfilar candidaturas frágiles, pone en riesgo el acompañamiento de vastos sectores de la sociedad en la gran batalla por la presidencia de la República. 

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