Martes 19 Septiembre 2017

Por Plinio Soto Muerza

La semana pasada el panismo yunista gobernante mostró su verdadero rostro autoritario. Sin tapujos, desde el Palacio de Gobierno de Xalapa se dio la orden a sus diputados locales: ¡Todo, menos entregar la presidencia de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) a morena!

Sin importar violentar la ley, el diputado local Sergio Hernández, señalado como parrandero y derrochador por su propia compañera de bancada Cynthia Lobato, se presentó ante los medios de comunicación para dar a conocer la noticia, que por sí misma, avergonzaría, por decir lo menos, a ilustres fundadores panistas como Manuel Gómez Morfin y Adolfo Christlieb Ibarrola. El encargado del gobernador para el poder legislativo, sin una pizca de rubor, anunció la incorporación a la bancada azul de los “excelsos” diputados Regina Vázquez Saut, 24 horas antes Secretaría General del PRI en Veracruz, y de Basilio Picazo Pérez, ampliamente conocido en la Sierra de Papantla por ser un verdadero paladín de la democracia duartista, es decir, de aquella que aplicó a capa cabal la máxima de la Ley de Herodes: “o te chingas o te jodes”.

Con sus dos nuevos integrantes, el PAN presumió que había alcanzado la cifra mágica legislativa de 21 diputados, con lo cual anunció que retendría la presidencia de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO), y que no la cederían a morena tal como marca la normatividad interna de la propia legislatura veracruzana, de acuerdo al artículo 31, que en su párrafo quinto establece: “Para los efectos de la instalación de la Junta y la determinación de su presidente, el número de diputados integrantes de los Grupos Legislativos se computará con base en el que corresponda exclusivamente a cada partido al momento de iniciar sus funciones la Legislatura, sin incluir a diputados provenientes de otros partidos, aunque hubieren renunciado a éstos de manera previa” (Ley Orgánica del poder Legislativo del estado de Veracruz de Ignacio de la Llave).

La acción del PAN en la legislatura veracruzana, pinta de cuerpo entero al gobierno que encabeza Miguel Ángel Yunes, y se muestra tal y como es en su empeño por consolidar el proyecto familiar de dejar como sucesor a su hijo Miguel Ángel Yunes Márquez. En su plan, trazado desde hace tiempo, poco importa el respeto a la ley y a la legalidad. Con una rapacidad y una ambición sin igual, el actual gobernador Yunes, famoso por su tono agresivo y retador en sus videos de “face” y nunca por su desempeño como gobernante, optó por la compra de dos “ilustres” diputados, antes de respetar la ley para en su contradicción, violentar la ley, favorecer la opacidad, y someter al Congreso Veracruzano a sus caprichos. No hay que olvidar que Yunes ha reactivado la famosa “licuadora” para el manejo de los recursos públicos, y se ha empeñado en pedir más préstamos con entidades financieras privadas, sin rendir cuentas a nadie.

La tentativa golpista del PAN y en particular de Yunes Linares, se acopla correctamente con la razón de ser de la derecha política mexicana y en general de toda Latinoamérica. Ahí están los casos de los recientes eventos en Brasil, Honduras, Paraguay, donde la derecha política ha recurrido a los golpes blandos vía los parlamentos, para detener el avance de los movimientos sociales que piden transformaciones radicales en la sociedad.

Para Yunes, como aprendiz golpista, el ejercicio del poder pasa por el pacto corruptor con los caciques locales en todo el estado; en el norte, en la zona de Pánuco con Ricardo García Guzmán, en la región de Tantoyuca, Joaquín Avilés Guzmán, en la zona de Papantla, con Basilio Picazo Pérez, en el sur, con la familia Vázquez Saut, entre algunos otros. Para el panismo, el golpismo legislativo se justifica si la esencia radica en la defensa ciega de la administración yunista.

Mantener el control del Congreso veracruzano es esencial en el plan autoritario de Yunes Linares, así evita dar cuentas claras de los recursos públicos, y en general de sus acciones de gobierno. En ese sentido los panistas yunistas solo tienen una meta común: retener el control político administrativo de la administración pública veracruzana en el 2018. En su plan estratégico, Yunes camina a la negociación con el altiplano para vender Veracruz al mejor postor a cambio de que gane su hijo, al que ha nombrado como su “legítimo heredero”, ofreciendo parar y vencer a morena en tierras jarochas.

El golpismo de Yunes vía la bancada local panista contra la legalidad veracruzana, tiene sentido en el marco general de la política mexicana. Veracruz es uno de los cinco principales padrones electorales, y su aportación de votos resultaría clave para definir una elección presidencial. La animadversión de Yunes hacia AMLO, morena y el movimiento social para detener y acabar con la corrupción y darle paso a nuevas formas de hacer política, mueven a Yunes a pactar con los poderes corruptores, al fin y al cabo, él mismo es parte selecta de los políticos que se han beneficiado con los cargos públicos para hacer riquezas. Ahí está la carpeta azul, y más aún, el libro de Lydia Cacho para recordar de donde viene y quien es Miguel Ángel Yunes.

Lo que ha sucedido en la XLIV Legislatura en Veracruz, es una muestra más de la acción de la derecha política para favorecer sus proyectos y sus intereses. En Veracruz, la derecha política tiene a un gobernador empeñado en instalar un gobierno familiar, y mantener los pactos corruptores en todo el estado,

Dependerá de la fuerza del movimiento social contra la corrupción hecha gobierno, si el sentido golpista del PAN se concreta, y más aún, si logra derrotar las pretensiones dinásticas del yunismo. En las actuales condiciones, no hay otro camino que la movilización social contra el autoritarismo. 

.

 

GACHO_SEPT11.jpg