Domingo 17 Diciembre 2017

Por Plinio Soto Muerza

El sismo que vivió la Ciudad de México, y los estados de Morelos y Puebla, pero que fue sentido en Veracruz, Oaxaca, Tlaxcala, el pasado martes 19 de septiembre de 2017, nos ha dejado un nudo en la garganta, e imágenes que difícilmente podremos olvidar; una estela de tristeza y dolor por la pérdida de vida, especialmente, por los niños de la escuela Rébsamen, cuya memoria habremos de honrar.

La tragedia volvió a tocar la puerta de nuestra Patria, todavía con los efectos devastadores del sismo de 8.4 en la escala Richter, el reciente 7 de septiembre, que afectó Oaxaca y Chiapas. Son momentos difíciles para todos, que nos pega a todos, nos toca a todos. El dolor humano lo sentimos al darle tan sólo chip a los nuevos instrumentos de navegación electrónica, que nos acercan en tiempo real con las zonas de desastre. Distamos mucho de estar incomunicados como en la tragedia de aquel 19 de septiembre de 1985, y hoy el face, el twitter, instagram, nos convierte en testigos directos de los acontecimientos.

Llegué a la Ciudad de México tres años después del sismo del 85, camine por sus calles aún con edificios destrozados que me daban a conocer como sería una ciudad bombardeada, y fui testigo de cómo fue cambiando el rostro de una ciudad que conoció la solidaridad humana en los momentos más difíciles de su historia. En mis primeros meses en la capital, en aquellos días cecehacheros, participe en las marchas por una vivienda digna de los damnificados que todavía a finales de los ochenta, no tenían respuestas concretas a sus demandas. Aprendí a querer y a deslumbrarme por una ciudad que valiente, aprendía todos los días a superar el dolor que la herida del 85 habría abierto en sus venas, calles, corazones, avenidas, rostros y alma.

En aquellos años de bachillerato, también conocí compañeros que fueron voluntarios en las labores de rescate, en la Roma, en el Centro Histórico, en la Cuauhtémoc, en la Guerrero; en el Hospital General, en la Unidad Habitacional Tlatelolco, y todos ellos me enseñaron que la Ciudad como nuestra Patria, tiene un inmenso futuro cuando la sociedad civil se organiza.

Al paso de los años, y por azares del destino, tuve la oportunidad de trabajar en la Secretaria de Protección Civil en la capital, y ahí conocí compañeros de trabajo que el 85 los marcó como profesionales del área, y que dedicaron su vida a la protección civil; Ingenieros, arquitectos, sociólogos, e incluso un colega politólogo. Estar en Protección Civil me brindo  volver a caminar entra las calles, y las vecindades del centro histórico, y aprender más sobre sismos y desastres.

Cuatro años después de haber dejado la Ciudad de México, otro sismo de gran magnitud azotó de nueva cuenta la ciudad, y lo hizo el mismo día, del mismo mes, que hace 32 años; una casualidad que horroriza.

Varios de mis mejores amigos, que fueron voluntarios en el 85, y que se formaron en las luchas por vivienda digna, son ahora trabajadores del gobierno de la ciudad, y entrañables amigos siguen en Protección Civil, y sin dudarlo, no han parado en sus labores de rescate desde los primeros minutos de este nuevo S-19. Servir a la ciudad ha sido su vida, y desde las esferas públicas o privadas están en primera línea, y junto a ellos, miles de ciudadanos voluntarios han arriesgado todo por ayudar en las labores de rescate, colaborado en el acopio de víveres y medicamentos, en guardias y acciones que se inscribirán en la memoria colectiva de la ciudad como ejemplo de la más genuina solidaridad y fraternidad humana.

A horas de la nueva tragedia, no tengo la menor duda de que la siempre magnífica Ciudad de México saldrá adelante, y en compañía de Morelos, Puebla, y los demás estados que han sufrido los estragos de la fuerza de la naturaleza en las últimas semanas, saldrán sobreponerse a la difícil y dolorosa experiencia que significa la destrucción material y la pérdida irreparable de vida de familiares, amigos, vecinos. No tengo la menor duda que la patria, pese a sus malos gobiernos y pésimos políticos, se pondrá otra vez a andar por mejores destinos.

Este nuevo S-19 nos ha dejado consternados a todos, y las imágenes más dolorosas de la tragedia se concentran en la primaria Rébsamen, en cuyos escombros al momento de escribir estas líneas, todavía laten los corazones de varios pequeños que luchan como guerreros por sus vidas, y en donde los rescatistas hacen todo lo posible por regresarlos con sus seres queridos.

Duele escribir historias como las que vivimos y escuchamos en estas horas, lo mismo en la Ciudad de México que en Morelos, en Puebla, sin olvidar Oaxaca y Chiapas. Pero hay que tener la confianza en que podremos salir adelante y rescatar a la Patria.

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