Lunes 23 Octubre 2017

Margarito Escudero Luis

La situación empeora cada día. Las personas que padecieron el impacto de los terremotos están sufriendo lo indecible, pues ahora sin techo, sin paredes, tienen que soportar el embate de las lluvias.

Terrible la vida para esos mexicanos ahora. Muchos ciudadanos se organizan para enviar ayuda a Juchitán y sus alrededores, pueblos pequeños que están devastados y sienten que el gobierno los abandonó.

Reportan que las pequeñas comunidades que rodean a Juchitán, están destruidas y hasta el momento, nadie del gobierno, ni de ninguna organización social, se ha acercado a ofrecer ayuda.

Nuevamente la buena fe y la solidaridad del pueblo se pone de manifiesto. En Juchitán claman por lonas para cubrirse de la lluvia y en Coatzacoalcos, Minatitlán y otros lugares, ya se mueven para conseguirlas. Pero no sólo lonas se requieren, se necesita ayuda de todo tipo, medicamentos, ropa, zapatos, alimentos, agua, servicio médico, todo lo que se pueda llevar es importante.

No sólo Oaxaca está batallando contra las inclemencias de la naturaleza, en Chiapas la cosa no es menor, ciudadanos de Morelos, además de padecer las secuelas del terremoto, también deben resistir la voracidad de sus políticos.

En la CdMx, los funcionarios hacen como que hacen pero no avanzan y, en su desesperación por parecer útiles, intentan desplazar a los voluntarios que trabajan en las tareas de rescate y distribución de ayuda.

Ahora hasta se puede encarcelar a quien pretenda distribuir despensas y otros enseres, acusándoles de vender las mismas o de hacer proselitismo político.

La mala entraña prohija la corrupción y ésta se ensaña con las víctimas. Puede que sea en menor número respecto a las personas que ofrecen su ayuda desinteresadamente, pero la delincuencia, los estafadores, se aprovechan de la situación para despojar a los damnificados de lo poco que les quedó, no hay palabra para describir esa nefasta acción, la palabra crimen no alcanza a definirla.

Así que, en medio de su impotencia, de la injusticia y de su desgracia, algunas víctimas bendicen a sus verdugos; a otros sólo les queda la oportunidad de mandarlos a la chingada.

Si bien la ayuda del voluntariado es invaluable, la tragedia los rebasa. Se requiere más, mucho más, no sólo para paliar el dolor de las víctimas, sino para sacarlos de ahí.

El gobierno, rebasado por la ciudadanía, busca legitimarse ante el mundo, pero no encuentra por donde, comete atropellos continuos, los funcionarios menores no saben qué hacer, algunos abusan de su posición, otros, de plano se roban las despensas, los materiales que la gente bondadosamente ha regalado.

No pueden los funcionarios organizar a la población, han llegado a imponer su autoridad, pero sin poder organizar nada. La gente no confía en ellos para entregar los camiones cargados con los donativos ciudadanos.

Así que, además de la solidaridad ciudadana, se requiere que el gobierno permita que los líderes naturales que han emergido ante la tragedia, realicen su labor, que los funcionarios confíen y acepten que no tienen la capacidad para sacar adelante a esta sociedad sumida en un caos que ellos mismos ayudaron a construir y que ahora,  se les revierte.

La naturaleza nos cimbró. El terremoto exhibe la pudrición del gobierno y es el momento en que debe hacerse a un lado y apoyar según las instrucciones que vaya dando la gente que ha enfrentado la tragedia desde el primer momento. 

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