Domingo 22 Julio 2018

Fecit / Jaime Sandoval

"...Así pasaron los siglos. De aquellos hombres y mujeres valientes e industriosos sólo quedaron serviles y seres viles hundidos en la miseria y el fanatismo religioso. Eran incapaces de alzar la voz contra el amo pues sabían que tal insolencia era motivo de látigo o de plano la horca. No tenían derecho a hablar, menos a opinar. No eran dueños ni siquiera del silencio, mucho menos de sus propias vidas. Así transcurría la existencia de aquellos súbditos, otrora dueños de aquellas tierras explotadas por el amo. Hoy eran esclavos en aquellas fértiles tierras atávicamente suyas.

Tal país es hoy una verdadera ruina. Ha sido gobernado por tiranos sin escrúpulos quienes han acabado con toda aquella riqueza ancestral; impusieron impuestos viles y abusivos; dejaron morir los campos de cultivo y la ganadería así como la pesca. Arrebataron las pocas cooperativas productivas y las remataron a extranjeros. Muchos de sus hombres y mujeres rebeldes prefirieron luchar desde el exilio, sabedores que de permanecer en su país no podrían continuar luchando contra la tiranía so pena de muerte.

Y llegó el día de la máxima traición. El rey y sus lacayos más serviles dieron a conocer al pueblo una ley más, sin duda la más vergonzosa de la que se tenga memoria: Les ordenó callar. Aquel día quedaron prohibidas las manifestaciones en contra del rey y de sus nobles; el ejército privado del tirano tenía la autoridad de apresar, reprimir e intervenir propiedades, correos y mensajerías de quienes osaran expresar sus inconformidades.

Ese mismo día, el tirano liberó de las cárceles del reino a criminales y otorgó perdón a traidores; signó alianzas con sus otrora enemigos y prodigó beneficios y canonjías a quienes se unieron a su descabellada idea.

Los súbditos se escandalizaron ante el abuso, la desobediencia campeó en el reino. Hubo manifestaciones que fueron reprimidas con el acero y ahogadas en su propia sangre. Incluso al interior de la nobleza brotaron voces inconformes y fueron silenciadas en la oscuridad de los callejones o en los salones del palacio a manos de sicarios al servicio del rey.

La vida en aquel país se ha tornado insoportable. Se sabe que el pueblo está harto y que se organiza para derrocar al tirano. Incluso en otros reinos, se hace mofa tanto de la estupidez y soberbia del rey como de la ovejuna cobardía de sus habitantes.

¿Serán capaces los habitantes de tal país de sacudirse de encima a un sistema corrupto a más no poder, enviar a las mazmorras al rey y su corte y otorgar al pueblo la esperanza de un futuro mejor?

A nadie le gusta la idea de tener hijos y nietos esclavos; súbditos sumisos de un rey infame..."el-reino-de-la-infamia

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