Lunes 16 Julio 2018
Margarito Escudero Luis
Sin duda, millones de mexicanos estuvimos pendientes del mal llamado debate presidencial, anunciado profusamente y, cuyos resultados dejan mucho que desear.
Fue un evento mediático, una oportunidad para los aspirantes a ser presidente de la República Mexicana para mostrarse ante el pueblo y demostrar sus capacidades como individuos.
Pero, desde este particular punto de vista, no pudimos distinguir un verdadero debate de ideas, de propuestas cuestionadas en serio, de contrapropuestas viables, de posturas inteligentes que despertaran de verdad la esperanza de los mexicanos.
Es lamentable decir que fuimos testigos de una especie de linchamiento, de destacar más que nada las debilidades del contrario, pero sin que nadie pudiera o intentara demostrar que es mejor candidato que los demás.
En el afán de denostar al contrincante, dejaron pasar la oportunidad de convencer a los votantes por sus virtudes, por el carisma, por su inteligencia; dejaron pasar la oportunidad de demostrar su acervo cultural.
El puntero en las encuestas se dedicó a recibir los ataques de los otros cuatro, siempre lo señalaron, lo atacaron, intentaron convencer a la gente de que es tan corrupto como los demás, como todos.
Pero el puntero también dejó pasar la oportunidad de dirigirse a un gran auditorio nacional, sólo repitió sus consignas de mítines populares. Si bien hubo insistencia en que respondiera a los cuestionamientos de sus contrincantes, prefirió evadirse, no responder, guardar un silencio que puede ser mal interpretado por el público.
Tuvo la oportunidad de refrendar las preferencias a su favor, de disertar con un mejor discurso, pero no se veía preparado para ello.
Así, sus miles de seguidores recibieron una dosis de más de lo mismo y, entre sus detractores, queda la oportunidad de incrementar sus ataques ante un candidato que no responde.
Muchos esperan que para el próximo debate, a celebrarse el 20 de mayo en Tijuana, B.C, la estrategia de Andrés Manuel López Obrador sea diferente y que el resto de los suspirantes, adopten una actitud de estadista y no de nerd pendenciero, o de ranchero fanfarrón, o de víctima del marido, o de matadito de secundaria.
Es tiempo de que el pueblo de México pueda distinguir entre un gran político de un ambicioso de poder.

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