Viernes 17 Agosto 2018

Por Plinio Soto Muerza

Al momento de escribir estas líneas, al calendario electoral sólo le faltan 52 días para llegar a la cita del 1º de julio. Los equipos de campaña tienen ya los tiempos encima y comienzan a desplegarse los últimos detalles para entra a la recta final del proceso.

Algunos analistas, toman con pinzas los días transcurridos de campaña, y observan que si bien oficialmente las campañas iniciaron a finales de marzo, lo que es cierto es que ya van para un año el proceso presidencial, incluyendo las precampañas.

Lo anterior ha llevado a muchos analistas a reflexionar sobre si en el tiempo que queda y con las encuestas que se han dado a conocer desde hace ya algunas semanas, pueda venir una contracorriente de opinión, y se inviertan las preferencias hasta hoy mostradas en todas las medidas demoscópicas. Es decir, si en las semanas que faltan puede haber una sorpresa que mande a la lona al candidato presidencial por la Coalición “Juntos hagamos historia”, conformada por Morena, PT y PES.

La respuesta de la mayoría de los analistas, es que en un proceso electoral donde el puntero encabeza las preferencias a una distancia de más de 15 puntos faltando menos de 50 días, como es el caso actual, la campaña está casi decidida. Por ejemplo, quien fuera uno de los estrategas más importantes del “cuarto de guerra” de Felipe Calderón en la elección del 2006, el español Antonio Sola, creador de la campaña de un “AMLO, un peligro para México” ha externado que la elección está prácticamente definida a favor del candidato presidencial morenista. Se necesitaría una bomba del tamaño de la Casa Blanca para que el puntero perdiera puntos a estas alturas.

Con una derrota anunciada, el PRI ha cambiado su estrategia de fondo; ya no trata de posicionar a su candidato de la mejor manera ante un electorado que rechaza todo lo referente al PRI por el lastre de corrupción que tiene; el pueblo que ve con furia como el litro de gasolina llega a los 20 pesos, se apresta a acudir a las urnas a mostrar su inconformidad con el régimen actual. El descontento de la población es ya imparable.

Por otro lado, el candidato del PAN muestra su límite de campaña. Encajonado en sus contradicciones, no logra romper los círculos de corrupción a los que se ha amarrado, y su perfil como “joven” maravilla para lavar dinero y favorecer sus intereses, lo ha llevado a un callejón sin salida.

Sin hacer empatía con el electorado, los candidatos del régimen se muerden su cola ante el espejo. Dando vueltas y vueltas, no lograron incidir en el ánimo de los electores. Con viejas fórmulas gastadas en el marketing político y con lenguajes divorciados de las necesidades de la gente, los candidatos no ofrecen nada nuevo para alentar siquiera a sus propios seguidores.

¿Cómo creerles que ofrecerán seguridad, cuando todos los candidatos del régimen han sido participes de la fallida estratégica que se implementa todos los días en todos los lugares de la patria? A la violencia presente, se ofrece más violencia a futuro.

Dicen que el pueblo es sabio, y en este punto bien que lo es al rechazar todas las propuestas de seguridad que encierran mayor gasto en armas, mayores efectivos de la policía, mayores enfrentamientos, mayor dolor y sufrimiento para todos y todas.

Lo que se necesita en serenar al país, es brindar mejores oportunidades sociales para que el crimen y la delincuencia ya no se filtren en el tejido social. Es atender las causas y no los efectos.

En ese marco de la realidad actual, ¿qué le queda al PRI y al PAN, y a sus secuaces, incluida Margarita y el Bronco? Este fin de semana quedó claro que para el PRI por lo menos, la estrategia es ir ya por el voto el día de la jornada electoral, es la compra descarada e impúdica del voto de los pobres.

El PRI de plano se ha replegado a sus estructuras de movilización, a sus fieles compradores de voto, tal y como lo hicieron en la elección del Estado de México, donde en un puñado de distritos, todos rurales y con alarmantes niveles de pobreza, como el distrito 9 Tejupilco, 14 Jilotepec, y 15 Ixtlahuaca, mostraron una insólita participación electoral arriba del 62%, en medio de un promedio estatal del 50%, y donde el PRI arrasó en las casillas, con una media de cuatro a uno.

Pero el PAN no se queda atrás en la estrategia de la compra del voto. En Veracruz, el autoritario de Yunes con una desfachatez que deja en pañales a los operadores históricos del PRI, ha anunciado que no dejara de repartir las tarjetas Chedraui como parte de su programa “Veracruz comienza contigo”, y que en pleno proceso electoral, se convierte en el arma prioritaria de su gobierno para favorecer a nada menos que a su vástago en la elección del nuevo gobernador.

Con tan sólo 52 días de campaña, el PRI y el PAN se prestan a la compra del voto, valiéndose de sus estructuras tradicionales y de todo cuanto programa de gobierno federal y estatal pueda existir.

Para el PRI y el PAN, junto a sus enanos aliados, aún le es posible detener la llegada de AMLO a la presidencia al colocar en las casillas rurales un número considerable de votos por medio de su compra. Para estos partidos toda acción fraudulenta es posible; en su escenario de mentira, pueden reducir la ventaja que pudiera sacar AMLO en la elección, y en una segunda etapa, ir por la nulidad de la elección por medio del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en un horizonte de provocaciones y violencia.

El peligro del fraude existe, los partidos de la coalición “Juntos hagamos historia” tiene el reto de desarrollar en los próximos 52 días, los mecanismos para detener las estrategias de compra del voto. La clave para ello es la estructura electoral que tendrá que montar en cada una de las más de cien mil casillas a instalarse, con una atención especial en las casillas rurales donde la pobreza da pie a la compra del voto. Falta ya poco para la cita electoral, y no puede haber errores desde AMLO y su coalición.

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