Viernes 17 Agosto 2018

Plinio Soto Muerza

A lo largo de la historia reciente de nuestro país, el concepto de Participación Ciudadana ha evolucionado a grandes pasos; hace sólo treinta años, en la mayoría de los programas de gobierno y de las propias acciones desde lo público, se le daba a la participación ciudadana, un valor menor en las relaciones entre gobernados y gobernantes.

El régimen político sustentado en la existencia de un partido cuasi único, había detenido la creación de la ciudadanía por así convenir a la dinámica clientelar y corporativa del PRI. Hace apenas treinta años, la participación política sólo tenía sentido a partir del reconocimiento o no desde el régimen.

A lo largo de las últimas tres décadas, y como resultado de intensos procesos de lucha por la democratización del poder, hoy podemos ver algunos avances significativos en cuanto a la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Sin embargo, es necesario apuntalar algunas ideas generales que, a mi juicio, deben de tomarse en cuenta desde cualquier gobierno municipal que se reivindique de izquierda.

Como primera pregunta que debemos de responder es: ¿Cuál es la diferencia entre el discurso de la derecha y la izquierda en torno a la Participación Ciudadana? Si revisamos los contenidos de los discursos, planes y programas del gobierno federal, e incluso de los locales y municipales, que tienen su origen en el PAN, PRI y ahora en el PRD, veremos que la coincidencia reside en una aparente apertura y mayor participación a los ciudadanos en el gobierno, por lo menos en el discurso. Por ejemplo, en el gobierno federal, concretamente en la Secretaría de Gobernación, existe una poderosa subsecretaría encargada de la relación con organizaciones civiles, y se han dibujado agendas en materia de transparencia y rendición de cuentas que promueven la participación de organizaciones de la sociedad civil. Otro ejemplo, es que en la mayoría de los estados de la República, existen desde hace pocos años, ordenamientos legales que en la norma, promueven la participación ciudadana.

Sin embargo, la Participación Ciudadana sólo se queda en el ámbito de la intencionalidad, y en una rápida revisión, el gobierno federal sólo ha hecho eco de las demandas de las organizaciones ciudadanas más cercanas a la derecha económica. Ahí está el caso de la organización “Mexicanos Primero”, del empresario Claudio X González.

Al interior de los partidos políticos, la bandera de la ciudadanización del poder es punto central en los discursos, incluso existe un partido que se ha venido montando en la idea de la ciudadanización de su estructura partidaria, pese a que en el fondo responde solo a una estrategia para alcanzar votos en las elecciones, y su líder, desde hace ya 20 años, medra con recursos públicos.

Por su parte, desde la izquierda política mexicana, el ejemplo más acabado de una política pública para la Participación Ciudadana, ha sido sin duda, la experiencia vivida en la Ciudad de México, bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el cual impulsó la idea de la participación ciudadana por medio de la organización vecinal.

La Asambleas Vecinales fueron impulsadas desde la Dirección General de Participación Ciudadana del Gobierno del Distrito Federal (DGPC), con el propósito de incentivar la participación y organización de los ciudadanos residentes en áreas geográficas delimitadas conocidas como Unidades Territoriales (UT). Las Asambleas Vecinales, tenían como fin la planeación, evaluación y ejecución de tareas específicas de las acciones del gobierno local, además de ser el punto de reunión vecinal para conocer las acciones realizadas por el gobierno de la ciudad.

En las asambleas Vecinales, se pretendía lograr un ambiente autogestivo y de permanente participación. Dentro de las tareas específicas se realizaron constantes talleres de formación y capacitación acerca de la Ley de Participación Ciudadana, o más elaborados como el taller de Metodología para la planeación participativa.

Así planteada la cuestión, la confusión entre lo que plantea la derecha y la izquierda en la Participación Ciudadana, no debe buscarse en lo que se encuentra en sus declaraciones y sus plataformas electorales, sino en las acciones que cotidianamente asumen con relación a al problema del poder público. Mientras la derecha busca encontrar las maneras de limitar los excesos del poder frente al interés individual y lo privado, la izquierda busca una democratización del poder público; esto es, no sólo es limitar los excesos del poder, sino lo que se busca es la profundización de las relaciones entre los gobernantes y gobernados. En palabras clásicas, la izquierda busca la socialización del poder a partir de una amplia participación ciudadana en la toma de decisiones.

En la coyuntura actual electoral, los electores también estarán votando por una visión diferente de la Participación Ciudadana, que alejada de la simpleza de la idea del ciudadano elector, vaya más a fondo en la relación gobernantes-gobernados, que incluya, en todos los sentidos, una nueva forma de entender y hacer política. Ya falta pocas semanas para saber si se abre el proceso de profundización de la Participación Ciudadana, o bien se queda en los restringidos marcos que hoy la envuelven.

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