Domingo 22 Julio 2018

Por Plinio Soto Muerza

Lenin escribía, semanas previas al Octubre Rojo, que le era preferible vivir la revolución que escribir sobre ella. Con la proporción debida puedo afirmar que algo de lo anterior experimente en las últimas dos semanas y medias.

Metido en la lógica del movimiento que llevó al triunfo a AMLO, fue más enriquecedor participar en reuniones de capacitación electoral, en reuniones de análisis colectivo y participación popular, que tomar el bolígrafo y escribir objetivamente sobre el acontecer de lo que se vivía horas previas al primero de julio. Pero una vez alcanzado el triunfo político electoral y compartir la alegría de millones de personas por la victoria popular, es menester dilucidar la experiencia vivida y más aún, los retos que se vienen en la Política. El espíritu crítico no debe dejarse a un lado, pese a los riesgos que ello implica aún desde las propias trincheras de lucha de la izquierda.

La victoria electoral de AMLO y del movimiento social que lo acompaña, ha abierto una puerta para el cambio profundo en las formas de hacer y entender la vida pública en el país. Así lo ha entendido muy bien el Presidente electo, que en los hechos, ha asumido ya la agenda nacional y la dirige desde las últimas horas de aquel ya mítico primero de julio pasado.

Los desafíos por enfrentar son múltiples y tienen orígenes diversos. Los métodos para enfrentarlos estarán probándose todos los días desde del nuevo bloque gobernante que se alzó con la victoria electoral. Pero bien estaría dejar claro que lo que se ha ganado es el gobierno, es decir, los espacio de decisión pública, y no el poder popular definitivo. Para construir el poder popular, se necesita que la ciudadanía movilizada en las urnas se exprese de forma categórica en vida cotidiana por medio de sus propias y genuinas organizaciones de base. Es importante que la organización popular no se mediatice en los virulentos laberintos que el poder prevaleciente deja detrás de su larga y terrible noche.

Pronto, muy pronto, estaremos en los linderos de los alcances del mandato de las urnas, y seguramente la discusión girará sobre si viviremos una profunda transformación desde los propios márgenes de lo establecido, o si estaremos en otros confines nunca visto para la Patria.

Sin duda la vieja discusión sobre reformas y revolución se abrirán desde diversos espacios. No hay duda que los cambios que ha delineado AMLO han impactado en las formas de hacer y entender la política. Pero es demasiado pronto para anunciar nuevos amaneceres.

Desde hoy que se han anunciado las primeras propuestas concretas a realizarse por el gobierno que encabezara AMLO a partir del primero de diciembre, el debate se ha abierto y si bien hay luces que destellan, también hay dudas que emergen. El factor subjetivo en la forma de gobernar estará poniéndose al día en los próximos días. El gran reto de sacar adelante profundas reformas principalmente de las formas de hacer y entender la política, proporcionarán horas y horas de análisis y páginas enteras de estudios para explicar la nueva realidad que se configura. La cuestión económica radical, tardará por lo que se ve, un poco más.

En el escenario actual, hay que estar atentos de los cambios que se propongan, y seguiremos con atención el desarrollo de la vida pública. El nuevo gobierno electo tiene la confianza de millones de ciudadanos que han votado para concluir un estilo de hacer política, y los pasos que se den en ese sentido tendrán el respaldo de una ciudadanía que desde sus cotidianidades, vigilara el desempeño del nuevo bloque gobernante. La tarea de todo aquel que ejerce la crítica como derecho inalienable es revisar con lupa esta nueva relación entre gobernantes y gobernados.

En lo personal, desde una militancia política de 30 años, he compartido la esperanza que dio la victoria popular del primero de julio, y con ello se cierra un ciclo de vida. En mis recuerdos de esta noche inolvidable del domingo de la victoria, desde Orizaba, estuvieron presentes dos entrañables camaradas que caminaron largas horas contribuyendo con su esfuerzo a la construcción de la victoria: el camarada Fidel Robles Guadarrama, inquebrantable combatiente por una sociedad más justa, con un alto sentido del valor de la crítica, y el camarada Ángel Flores Reyes, obrero textil en su juventud, pedagogo alejado de las formas burocráticas, pero sobre todo solidario con las luchas del pueblo.

Con el recuerdo de Fidel y Ángel, y muchos más, seguiremos exponiendo ideas y discutiendo propuestas. Al final de este periodo, no me queda duda: lo más difícil apenas inicia.

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