Miércoles 15 Agosto 2018

 

No ven un cambio, no quieren que cambien las condiciones del país, intentan inducir a seguir con lo mismo, porque ellos, desde su cómoda posición, no ven la debacle, no ven la pobreza, no ven la miseria de los gobernantes, no ven la corrupción, no ven las traiciones que los actuales políticos han infringido a la nación.

Margarito Escudero Luis

Que yo sepa, ningún virtual presidente electo de la República dio tanto de que hablar luego de su elección como Andrés Manuel López Obrador.

Hay muchas especulaciones, muchos malos deseos y también muchos buenos, pero la historia apenas está por escribirse, a pesar de las intenciones de quienes se atreven a “orientar” la opinión pública en el país.

Los análisis que se han vertido en las últimas fechas, por parte de aquellos personajes que se han dedicado a ello durante el tiempo que duró el régimen que está por morir.

Pero siguen viendo el panorama desde la misma perspectiva, la misma visión de 80 años de continuismo que llevó a la debacle al país.

Lo peor es que desde esa retrógrada perspectiva, se atrevan a dar instrucciones al nuevo gobierno sobre como gobernar, advertir sobre fantasmas que le atacarán si no actúan como ellos indican.

Es decir; que no ven un cambio, no quieren que cambien las condiciones del país, intentan inducir a seguir con lo mismo, porque ellos, desde su cómoda posición, no ven la debacle, no ven la pobreza, no ven la miseria de los gobernantes, no ven la corrupción, no ven las traiciones que los actuales políticos han infringido a la nación.

Desde su perspectiva, sólo alcanzan a criticar las medidas anunciadas, porque no alcanzan a comprenderlas y prefieren quedarse en lo anecdótico.

Lo bueno de todo esto es que gran parte de la ciudadanía ha decidido tomar con reservas los “sesudos” análisis que se vierten desde la televisión, la radio y los medios impresos; y la muestra más clara se dio el pasado uno de julio.

Eso significa que los “analistas” del sistema también perdieron, desde su credibilidad hasta la confianza que se les había brindado.

“Analizan” la situación desde su convenenciero punto de vista, lanzando conclusiones a priori cuando faltan algunos meses para que el nuevo gobierno tome legalmente el cargo.

Los privilegios se van, son 50 medidas de austeridad y combate a la corrupción que propone el presidente electo para quienes trabajarán en el nuevo gobierno; sin embargo, aquellos que creen que quedarán en las nóminas oficiales, ya comenzaron a protestar porque tendrían que trabajar seis días a la semana, además tendrían que comportarse honorablemente, concepto difícil de entender para muchos arribistas y oportunistas, que buscaron la oportunidad de estar cerca de los elegidos.

Se dice que ahora estarán vigilados para no recibir moches o mordidas y, si alguien es sorprendido no podrá salir de la cárcel bajo fianza, ya que, en caso de que se apruebe la reforma que propone en considerar delitos graves, la corrupción, el robo de combustibles y el fraude electoral en cualquiera de sus modalidades.

Ya lo habíamos dicho con anterioridad, el cambio nos dolerá a todos, se trata de arrancar de raíz los males que han descompuesto a la sociedad, la corrupción está en todos lados, hasta en el seno familiar, en las acciones cotidianas de los ciudadanos cotidianos, no sólo en el gobierno, no sólo los funcionarios la ejercen.

Entonces, lo que sigue es poner las barbas a remojar y, aquellos que se subieron al barco que ahora navega triunfante y llegan con el tufo del régimen muerto, no deberían de cantar victoria tan pronto.

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