Miércoles 15 Agosto 2018

La muerte ronda en Cosautlán

Cosautlán
Cosautlán de Carvajal, Ver. FOTO: WEB
 
El sonido de detonaciones de armas de fuego les advierte a sus pobladores que el toque de queda inició. Nadie debe salir de sus casas, si no quiere correr el riesgo de que algo malo le suceda. El silencio de la noche se interrumpe de pronto por el estridente volumen de vehículos que recorren la ciudad.
 
Grupos de jóvenes viajan en esas unidades “vigilando” la población. Lo hacen en evidente estado de ebriedad y bajo los influjos de alguna droga. El volumen alto y los sonidos de una fiesta que seguramente concluirá en las primeras horas de la mañana, cuando ya haya salido el sol.
 
El municipio de Cosautlán tiene su propio cuerpo policiaco, pero sus elementos saben muy bien que no deben meterse con esos muchachos. Cuando a algunos “se les pasan las cucharadas” y hacen más escándalo del acostumbrado, los uniformados los intervienen y se los llevan a la comandancia.
 
Más tardan en llegar, que los otros grupos en movilizarse para “rescatarlos”.
 
No buscan a la alcaldesa (Alicia Valdivia Vargas, esposa del cacique de la zona Everardo Soto Matla) pues ella vive en una zona residencial en La Orduña, municipio de Coatepec. Les queda más cerca el sindico Rogelio Bonilla Herrera (tiene su residencia en la comunidad Los Limones). Llegan hasta su domicilio y lo obligan a que acuda “de inmediato” a la comandancia de la Policía Municipal para que ordene la liberación de sus “compañeros”.
 
Los habitantes de Cosautlán prefieren no tocar el tema, pero todos lo tienen muy claro. Esos mozalbetes integran los “cuerpos de vigilancia” de una banda del crimen organizado que opera en la zona. Su tarea principal es impedir que otros grupos invadan la plaza, y advertir a sus jefes en caso de que detecten alguna movilizacióin extraordinaria de elementos de la policía federal o las fuerzas armadas. Vaya, que funcionan también como “halcones”.
 
La trayectoria pública de Everardo Soto Matla está manchada de sangre. Desde la trifulca provocada por su suplente en la alcaldía de Ixhuacán de los Reyes, Joel Martínez Romero, durante una carrera de caballos clandestina, en Xoquitla, en la que disparó contra cuatro jóvenes, tres de los cuales resultaron heridos y uno falleció; hasta la ejecución, en San Andrés Tlalnelhuayocan, de tres de sus empleados.
 
Everardo Soto le ofreció al gobernador Miguel Ángel Yunes Linares que su hijo ganaría en la zona. Su influencia no sólo se ubica en Ixhuacán y Cosautlán, sino en todos los municipios de esa región.
 
Sin embargo, muy tarde se percató de que la “ola” de Andrés Manuel López Obrador lo había alcanzado. En su desesperación, en pleno proceso electoral, envió a “sus muchachos” a amedrentar a una de las más influyentes activistas de Morena en Cosautlán. Entraron a su domicilio y negocio (una miscelánea), a unos metros del Palacio Municipal. No robaron nada, se concretaron a atacar a la dama hasta casi asfixiarla, para que entendiera que en cualquier momento podrían disponer de su vida.
 
Hay quien dice que nacer en un pueblo violento como Cosautlán tiene sus ventajas, pues la muerte se vuelve una compañera toda la vida. Los más viejos recuerdan aquella ocasión en la que el padre de la hoy alcaldesa, el señor José Valdivia Ortiz (ya fallecido) estuvo a punto de ser asesinado por un juego de cartas. Al descubrirse sus trampas se inició la balacera. El empedernido jugador saltó por una ventana de la cantina, justo frente al parque, a un costado del Palacio Municipal y fue a caer en unos matorrales, desde donde rodó hasta detenerse a los pies de un hombre, casualmente el padre de la propietaria de esa tiendita a la que tratan de silenciar. Aquel hombre escondió al padre de la hoy presidenta municipal y con eso le salvó la vida.
 
En un pueblo pequeño no se pueden esconder los muertos en el ropero.
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