Miércoles 15 Agosto 2018

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foto: Faceook Mi Viejo y Nuevo Veracruz

Lluvias intensas en plena canícula, atípicas les llaman los expertos, pero debemos tomarlo con preocupación y no solamente por la intensidad de los aguaceros, sino porque puede observarse a simple vista que, como sociedad no estaos preparados para esta nueva etapa de fenómenos naturales de mayor fuerza.

Ya es común que luego de cada fuerte lluvia, barrios, colonias y ciudades enteras se vayan a pique, como sucedió recientemente en el puerto de Veracruz, donde emblemáticos sitios turísticos de la ciudad resintieron los efectos del agua.

Si el gobernador y sus hijos no salieron a tender a tiempo la contingencia, no significa nada, sólo demuestra que ya no hay campañas.

No toda la culpa es del gobierno, ni de las autoridades encargadas, más bien, la mayor parte de la responsabilidad recae en los ciudadanos, la falta de educación y de conciencia ante los embates de la naturaleza, pone en evidencia el poco interés del ciudadano común por evitar estas calamidades.

La inundación del puerto pudo evitarse si la gente no arrojara sus desechos plásticos a la calle, si el hábito de la limpieza no fuera únicamente personal, sino que se viera como un bien para la comunidad.

Es decir, el descuido ciudadano es responsable en gran medida de las inundaciones en las ciudades luego de fuerte aguacero, de tormenta atípica.

Desde hace más de 40 años se alertó en el mundo entero sobre los cambios climáticos que venían, se dijo que las tormentas serían cada vez más fuertes, igual los huracanes, incluso los terremotos.

Se habló que se le había hecho un gran daño a la capa de ozono que cubre al planeta, se habló de grandes inundaciones, de tragedias humanas debido a esa circunstancia y poco caso se hizo.

Se dijo que la temperatura se elevaría cada vez más y que las bajas temperaturas también causarían daños a la humanidad. Y poco caso se hizo.

Científicos y personas preocupadas por el medio ambiente pusieron el grito a tiempo, intentaron convencer a gobiernos, autoridades y ciudadanía, para que se tomaran las medidas necesarias, una de ella por ejemplo, fue la de evitar los gases fluorocarbonados, reducir el uso de combustibles fósiles, reforestar, evitar el uso de plástico.

Pero no hicimos caso, por lo menos en México, donde las autoridades creen que están fuera de los peligros que vive la sociedad común.

Está más que visto que el abuso de materiales plásticos y su nula recolección, hace que esos residuos en la calle representan un riesgo de inundación, pero al parecer nadie le ve peligro a una botella de refresco o a una bolsa de papitas que ruede por las calles.

Seguimos usando aerosoles sin empacho alguno, y todo eso junto hace que el clima se altere, más allá de sus procesos naturales, provocando calamidades mucho más grandes de lo ocurrido en el puerto de Veracruz.

Si bien las autoridades tienen la obligación de mantener los drenajes y las vías por donde el agua corre naturalmente, los ciudades deben cumplir su parte, de lo contrario seguiremos viendo eventos como el que se menciona y cada vez más dramáticos.

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