Margarito Escudero Luis
Hace 20 años, cuando presidía la comuna de Minatitlán Ignacio Hernández Berrueco, me atreví a señalar el crimen ecológico que se cometía al colocar un basurero sobre el pantano.
En aquel tiempo, basado en textos científicos, dije que el pantano es un cuerpo de agua vital para conservar el líquido que necesitamos todos los seres vivos para subsistir.

También mencioné en un artículo especial para el diario Liberal del Sur, cuando lo dirigía César Augusto Vázquez Chagoya, que del pantano ubicado entre Minatitlán y Coatzacoalcos, surgían cinco arroyos de cristalina agua que atravesaban la petrolera ciudad, que cuando aún no existía la refinería Lázaro Cárdenas, los arroyos surtían del líquido a la población.
Pero, conforme la “modernidad” fue avasallando la ciudad, los “modernos” ciudadanos fueron convirtiendo aquellos limpios arroyos en drenajes a cielo abierto. Y a nadie le importó.
Recordé que sólo uno de esos riachuelos fue utilizado inteligentemente, por un empresario que montó la fábrica de refrescos “Súper Jara”, que también distribuía la famosa agua “electropura” en garrafones de cristal.
Fueron varias entregas de este redactor sobre lo inconveniente de tener un basurero sobre el pantano en Las Matas, pero nadie hizo caso.
El santuario de garzas y patos canadienses desapareció súbitamente, para dar paso al señorío de los zopilotes y la pestilencia, gran monumento a la estupidez humana que daba la bienvenida a los visitantes.
En un desesperado llamado a Greenpeace, escribí un artículo más sobre el crimen ecológico que se cometía en el cuerpo de agua, hábitat de innumerables especies, desde patos, camarones, tortugas, culebras, mapaches y un largo etcétera, cuyos cuerpos fueron apareciendo en el transcurso del tiempo, en las márgenes del Río Calzadas, hasta donde las descargas del pantano van a dar, contaminándose desde hace 20 años con lixiviados que produce la acumulación de basura, pero Greenpeace no lo consideró importante.
Desde hace mucho tiempo, contaminar nuestro entorno es una práctica común, que hasta normal se les hace a muchos, pues desde su obtusa visión “algún precio debemos pagar por el progreso de nuestra región.
Hoy ya no tenemos un lugar lejano donde depositar la basura, eufemísticamente llamados “residuos sólidos”, jamás gobierno alguno puso interés en conservar los cuerpos de agua y ahora padecemos escasez en una región donde el vital líquido abunda.
Científicos y ecologistas dieron la voz de alarma a tiempo, pero nadie hizo caso.
A 20 años de distancia, el nuevo gobierno federal toma cartas en el asunto, cuando los casos de cáncer se han incrementado en la zona, cuando especies endémicas de la zona están desapareciendo.
Nunca es tarde, decimos los mexicanos. Sólo es nuestro deseo volver a ver al pantano de esta región renaciendo para que siga generando el agua tan necesaria para la vida.
La acción gubernamental debe ir más allá de la remediación, pues no es única responsabilidad del gobierno, sino de cada ciudadano ante el cuidado de los recursos naturales y la contaminación del entorno.
¿En cuánto tiempo quedará listo el pantano? Hagamos cuentas. ¿Cuanto tiempo nos llevamos en echarlo a perder?

Por STAFF