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Margarito Escudero Luis
Se siente como un golpe en las tripas, un apretón en el pecho, cuando alguien levanta falsos con tal de ganar delantera.
Es un coraje que enferma, trastorna las neuronas y lleva a pensar sin lógica, a suponer y especular.
Y luego, cuando se comprueba que sí hay alguien que no tuvo empacho en hablar mal, en difamar, enlodando una reputación, las tripas se hacen nudo y el dolor aumenta al máximo cuando se advierte que todos le creyeron todo.
Entonces llega el dolor del alma, ese veneno traspasa el cuerpo para inundar el espíritu, para eliminar alegrías, borrar sonrisas, acabar con la felicidad.
Se llama resentimiento y destruye poco a poco al individuo si no pone remedio adecuado.
Borrar las injurias es posible, la actitud es determinante para sanar el daño causado por la envidia, el interés o incapacidad de otros.
El alma puede salir limpia de ese lodazal que no se esperaba en el camino.
No es fácil, porque la ira oscurece al pensamiento y ver el triunfo propio en manos de otros es tan cruel…
Eso existe, por eso el resentimiento es tan real.
Todos los malos deseos irán contra aquel o aquella, pero no resuelve nada, lo mejor es cerrar el capítulo y comenzar de nuevo.
Se tiene la experiencia, el conocimiento y el valor. Aquellos que aprecian y confían, jamás creyeron en las mentiras, simplemente vieron caer en la trampa un corazón noble que ahora pugna por levantar el vuelo.
Aquellos que trabajan por un ideal, sufren de los obstáculos que colocan los enemigos de la meta, pero nada los arredra y siempre volverán y tendrán que enfrentar a los arribistas, a aquellos que gustan de caravanear con sombrero ajeno, a quienes roban el producto de otros talentos, que ahí están, son las serpientes esparciendo veneno.
Pero más allá del dolor de tripas, está el noble ideal que alimenta a los luchadores que no sucumben al oropel de la lambisconería.