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Parábola X
Por Plinio Soto Muerza
Para muchos que vivimos en la década de los ochenta, las noticias que llegaban de Centroamérica, o del medio oriente, las entendíamos en gran medida por la existencia del conflicto abierto entre dos grandes polos de decisión como superpotencias; por un lado, el mundo occidental capitalista, con centros de poder en Washington DC, Londres o París, y por el otro, el mundo del socialismo realmente existente, con Moscú como el gran centro de toma de decisiones, pero en menor medida ahí estaba Pekín o incluso la Habana. Eran los tiempos de la Guerra Fría, que en ocasiones se tornaba sumamente caliente. Ese era el contexto de las guerras en el Salvador, Nicaragua, o bien, en Afganistán, Líbano, o en Etiopía o Angola.
El mundo de ese momento no tenía la red global de comunicación como lo es el internet, y los cables informativos, dependían de la sagacidad de los reporteros en los territorios en guerra, para poder enviar sus reportes, artículos, entrevistas, o bien reportajes. Muchas películas han retratado cabalmente. Algunas películas han mostrado como se disputaban los reporteros, los escasos teléfonos disponibles para poder enviar sus informes a sus respectivas redacciones, de los grandes medios impresos, que se encargaban en las mañanas, de trasmitir en ocho columnas alguna noticia, harto interesante.
En ese mundo ideológicamente enfrentado, entre capitalistas y comunistas, la destrucción de la humanidad se veía como posibilidad latente, por el bestial incremento de las potencias de sus armas de destrucción masiva. El aumento de decenas de bombas atómicas, eran la receta para según los líderes de ambos bandos, mantener la paz. ¡La locura de la clase política en las esferas del poder, cuidar la paz con armas que literalmente pueden hacer pedazos la civilización conocida!
Pero a finales de los ochenta vino el derrumbe del Muro de Berlín, y posteriormente, la desaparición de la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que reconfiguró un nuevo orden mundial, basado en la superioridad del modelo de la democracia liberal y el capitalismo, en su presentación neoliberal. Todo es susceptible de vender y comprar, todo es una mercancía.
Durante un par de lustros el mundo giró centrado en el modelo único del capitalismo anglosajón, y se prometieron sociedades más libres y desarrolladas para América Latina, África y Asía, y con mayor impulso a los países que habían vivido el “terror del comunismo”. El internet en ese momento, sirvió como un catalizador de ese mundo feliz que se prometía desde los centros del poder económico.
Sin embargo, el mundo real del capitalismo en su presentación neoliberal, vio crecer a niveles impresionantes, desigualdades económicas lacerantes, y las realidades concretas de explotación en los países del llamado mundo en desarrollo, se multiplicaron por todos lados. Las democracias liberales sólo sirvieron de fachada para encumbrar elites financieras y económicas, de todos los colores, a las que se les asignaron tristes papeles de administradores de las crisis; la explotación, saqueo y depredación de la naturaleza, fueron las principales características del mundo concreto que el capitalismo engendró para principios del siglo XXI,. La guerra en Irak por el control de las reservas del petróleo, y la intervención en Afganistán, fueron la cereza de ese modelo de mundo unipolar que se presentó como única salida, a un mundo que había vivido la guerra fría y la amenaza nuclear.
Pero ese modelo unipolar se hizo pronto quebradizo, y tan frágil que en un par de años, ha venido cediendo territorios y poder, a una propuesta multipolar en el concierto de las naciones. Hoy nadie puede dudar que vivimos una nueva guerra, Ucrania sólo es un frente más, y que el enfrentamiento si bien dejó de ser fundamentalmente ideológico, aunque subsisten elementos claves y fundamentales como el papel del Estado en la economía y la sociedad, lo que miramos es un conflicto profundo por el control de los recursos naturales escasos, y un enfrentamiento económico de bloques de poder a niveles regionales y mundial. El modelo de capitalismo anglosajón, hoy como un capitalismo de guerra, se ha puesto él mismo en crisis y ha llegado a límites de lo posible.
En ese contexto que vivimos hoy, a tan sólo 30 años de haberse declarado triunfador el capitalismo y la democracia liberal, la lucha por la paz mundial y la humanidad, ha entrado a una nueva etapa.
El futuro de la paz y la humanidad depende de nuevas acciones que en su defensa, desplieguen los pueblos del mundo.
Mientras eso sucede, en México pareciera que se vive en un mundo feliz, y que todo cambia para no cambiar.