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Por Jack NicasAlan FeuerMatina Stevis-GridneffEdward Wong y Jim Tankersley
Los periodistas cubren temas de seguridad nacional y política exterior tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Han reportado desde Washington, Nueva York, Ciudad de México, Toronto y Berlín.
9 de abril de 2026
Tomado de New York Times
Cuando altos funcionarios de Occidente se reunieron en Ottawa el mes pasado para debatir las posibles amenazas terroristas ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un alto funcionario antiterrorista del Departamento de Estado transmitió un mensaje inesperado.
Estados Unidos estaba tan preocupado como siempre por el terrorismo islamista, dijo la funcionaria, Monica A. Jacobsen, según una copia de sus comentarios que fue revisada por The New York Times y tres funcionarios al tanto de la reunión. Pero, según les dijo a sus homólogos de Europa, Canadá y Australia, el gobierno de Donald Trump también quería que se prestara más atención a lo que consideraba una amenaza insidiosa y subestimada: la extrema izquierda.
“Es importante reconocer sus acciones como terrorismo político y no como mera protesta o criminalidad”
Los gobiernos occidentales deben combatir “el terrorismo antifa y de extrema izquierda”, afirmaba el discurso de Jacobsen, presentando el esfuerzo como una evolución en la lucha antiterrorista tras la “guerra global contra el terror”. Su discurso definió el terrorismo de extrema izquierda para incluir las amenazas comunistas, marxistas, anarquistas, anticapitalistas y aquellos con “ideologías ecoextremistas” y “otras ideologías antifascistas autoidentificadas”.

“Es importante reconocer sus acciones como terrorismo político y no como mera protesta o criminalidad”, decían sus comentarios preparados, aunque no estaba claro si los pronunció exactamente como estaban escritos. Como prueba, el discurso señalaba a los manifestantes de izquierda que se habían enfrentado recientemente a la policía en Italia.
Los llamados de Jacobsen formaban parte de un nuevo y amplio esfuerzo de la Casa Blanca para presionar a los gobiernos extranjeros y a las embajadas en el exterior para que se unan a su lucha contra lo que denomina como terroristas de extrema izquierda. El gobierno de Trump está desplegando su maquinaria antiterrorista global contra movimientos de extrema izquierda como antifa –abreviatura de “antifascista”– a pesar de ofrecer pocas pruebas de que representen una amenaza grave para los ciudadanos estadounidenses.
Este artículo se basa en documentos internos del Departamento de Estado y en entrevistas con funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, así como con funcionarios de gobiernos extranjeros a los que se les pidió que colaboraran en el esfuerzo, todos los cuales hablaron bajo condición de anonimato para poder discutir cuestiones de seguridad delicadas y sobre reuniones a puerta cerrada.
Uno de los líderes de la iniciativa es Sebastian Gorka, el principal director antiterrorista del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Trump. Él ha presionado para designar a más grupos de extrema izquierda en el extranjero como organizaciones terroristas, presionar a los aliados extranjeros para que investiguen a los grupos y buscar conexiones entre ellos y los estadounidenses.