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Plinio Soto Muerza
El reconocimiento de la derrota de Iván Cepeda en Colombia, marca no solo la derrota de la izquierda en el gobierno de aquel país, sino la confirmación de que estamos en un período de nuevos colonialismo donde la democracia liberal que se defendió desde los años ochenta, ya no le presenta oportunidad a los pueblos latinoamericanos.
Para qué votar si desde las grandes corporaciones con sede en las metrópolis, vaya concepto arcaico dirán unos, se decide quién va a triunfar y llevar adelante las nuevas formas de expoliación de las riquezas naturales y de los hombres y mujeres de estás tierras. El voto libre ha dejado de ser una realidad, y en su lugar se instala el voto digital, que se vende, se consume, se dirige. La distopía se ha asentado en las realidades Latinoamericanas. Cómo puede perder un gobierno que sacó a millones de la pobreza, que recupero la dignidad del pueblo, perder las elecciones que deberían de haber sido la confirmación de un proyecto nacional, soberanista y popular.
Para qué votar si desde las grandes corporaciones con sede en las metrópolis, vaya concepto arcaico dirán unos, se decide quién va a triunfar y llevar adelante las nuevas formas de expoliación de las riquezas naturales y de los hombres y mujeres de estás tierras
Que hubo errores en la campaña, tal vez , pero el peso de los millones de dólares que han entrado a Colombia y las presiones corporativas hacia los trabajadores, y la intervención descarada del Departamento de Estado de los EEUU son decisorias: no se pelea electoralmente contra las derechas locales, sino contra el mismo Imperio, que desde ya, ha decidido implantar nuevas colonias, con nuevas formas de dependencia.
Ahora, el objetivo del gran capital tecnoindustrial, se dirige contra Brasil, y el año que entra, la gran batalla que tendrá lugar en México. Antes, el pueblo trabajador de EEUU tendrá su última oportunidad, su última trinchera, para derrotar al fascismo que les gobierna. Vaya tiempos que nos ha tocado vivir, con medio siglo atrás. A veces, pienso que las fuerzas que nos sostienen, nos abandonan e incrédulo observo a la nueva generación consolidar se dependencia a la mentira y desinformación. Las nubes negras que vieron en la España del 36, vuelven a aparecer en la historia.