[bt_section layout=”boxed” top_spaced=”not-spaced” bottom_spaced=”not-spaced” skin=”light” full_screen=”no” vertical_align=”inherit” divider=”no” back_image=”” back_color=””…
Margarito Escudero Luis
Sólo en este México lindo y querido suceden cosas tan absurdas como que una minoría muy chiquita, se le permita hacer tanto ruido como para poner en jaque la acción gubernamental.
Con el argumento de que el 32 por ciento de los electores dijeron que no al proyecto transformador, pretenden confundir a la ciudadanía de 36 millones de votantes que aceptaron seguir con el llamado “Plan C”, mismo que durante la campaña, cada candidato de Morena preguntaba a la gente si estaban de acuerdo con la reforma al Poder Judicial; la respuesta se obtuvo el pasado dos de junio durante la jornada electoral.
Pero gandallas como son, buscan justificar argumentando un fraude donde no lo hubo.
No se debe perder de vista que una cosa es la minoría que votó contra el proyecto Morenista y otra muy diferente es la minoría muy chiquita compuesta por la élite empresarial y política de derecha
Además se atreven a decir que la ciudadanía no sabe, no entiende lo que votó, señalando así a un pueblo tonto e ignorante; tal vez basándose en todas las acciones que la derecha emprendió durante su época neoliberal, para mantener al pueblo sumido en la pobreza y la ignorancia, regalándole entretenimiento basura a través de los medios de comunicación.
No se debe perder de vista que una cosa es la minoría que votó contra el proyecto Morenista y otra muy diferente es la minoría muy chiquita compuesta por la élite empresarial y política de derecha, los que cuentan con los medios de comunicación a su servicio para hacer mucho ruido en torno a la Reforma Judicial.
Finalmente, la discusión y decisión verdadera se dará en el Congreso, donde se discute la iniciativa y la votación que ahí se dé determinará si la reforma va o no.
Pero aun así hacen mucho ruido. Un voto representa la salvación de la oligarquía completa y, en esa rebatinga, muestran su verdadero rostro, tanto que no se tienen confianza entre ellos mismos, obligando a sus diputados y senadores a jurar casi de rodillas frente a la virgen que no traicionarán, que votarán a capricho de quien les paga. Entre ellos se conocen bien.