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Benito Mussolini fue el creador del fascismo en la Italia de los años 40´s del siglo XX, estableciendo un régimen totalitario con su sueño magno de volver a la grandeza de Roma, refiriéndose al imperio que dominó gran parte del mundo antiguo.
Se refería a sí mismo como un “figlio della lupa” que a su vez era una organización fascista. El término puede traducirse como “hijo de la loba” en referencia a los creadores de Roma, según la mitología, que menciona a Rómulo y Remo, hermanos que fueron amamantados por una loba,
La frase “figlio della lupa” perdió su sentido original convirtiéndose en una ofensa para los italianos en esa época del siglo XX, pero Mussolini insistía como una frase propagandística de su movimiento.
El régimen fascista de Benito Mussolini duró de 1943 hasta 1945, pero su idea era expandir los territorios italianos, como lo hizo la antigua Roma.
Pero no pudo. La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 con la llegada del Ejército Rojo hasta el búnker de Hitler ubicado en Berlín y todos los regímenes que apoyaron aquella asesina aventura cayeron en desgracia. O sea, Mussolini dejó a Italia sumida en un caos.
Fue fusilado junto con su pareja sentimental y su cadáver arrojado a la muchedumbre, su cuerpo vejado y colgado de los pies.
Adolfo Hitler fue un sargento del ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial, resentido por la derrota, se propuso hacer grande a Alemania otra vez y encampanó a sus conciudadanos para emprender su aventura, primero rearmándose, violando los tratados de paz firmados luego de la derrota.
Luego de un corto período de tranquilidad y progreso para el pueblo alemán, Adolfo Hitler arrancó su plan invadiendo Polonia en un afán por recuperar los territorios perdidos a causa de la guerra.
Fue uno de los más grandes genocidas del mundo, propugnó por el racismo haciendo creer a sus paisanos que eran una raza superior y consideró inferiores a cualquier otra persona que no fuera de Alemania, así se hizo responsable de la muerte y desaparición de más de seis millones de personas entre judíos, gitanos y de otras etnias.
Hitler destruyó a su país gracias a un sueño de hacerlo grande otra vez. Al ver su completa derrota, evitó caer prisionero a manos de los soviéticos y se suicidó junto con su esposa y su cuerpo fue incinerado, cumpliéndose las órdenes que dejó para eso.
A estos personajes se les ha tachado de locos, su soberbia y ambición provocó la destrucción de sus países y aquellos episodios de la Historia humana ha sido tomados como ejemplo de la barbarie en un afán de que no se repitieran.
Pero, la soberbia, las ambiciones y los sueños de grandeza aún persisten y hay quienes creen que pueden pasar encima del orden social, de la dignidad humana, solo por sentir que el color de su piel les da derechos sobre los demás.
Los sueños de Hitler y de Mussolini, de expandirse por el mundo, adueñándose de todo a su paso para poder mantener un estilo de vida, rompiendo otros estilos de vida, expoliando territorios, sin que nadie les diga algo y acabar con quienes osen oponerse, quedaron pendientes y hoy vemos como el neo fascismo crece, estando a la cabeza los que más se victimizaron por el llamado holocausto provocado en la Alemania nazi.
Pero ya no es la mitad del siglo XX, aunque la mentalidad del líder estadounidense y del sionismo israelí mantengan una ideología retrógrada basada en viejos textos religiosos y una supuesta promesa divina que nadie puede comprobar.
La soberbia ciega y mata, la creencia de ser superior a los demás evita ver el crecimiento del mundo.
Estados Unidos e Israel no se reconocen derrotados, incluso podrán llevarse en su caída, no solo a sus enemigos, sino a la Humanidad entera.